En la habitación azul se encontraban el pequeño Tom, su madre Lucy, y su padre, el barbudo Jonas.
Tom llevaba puesto un sencillo pero bonito traje negro con unas bandas rojas en las mangas, algo informal, mientras que Lucy llevaba el pelo suelto, embutida en un vestido rojo burdeos. Jonas, por su parte llevaba unos vaqueros y calzaba unos zapatos carísimos.
Como ya hemos dicho, en la habitación rosa se encontraban el pequeño Tom, su madre Lucy, su padre Jonas y un pez en su pecera. Tom llevaba puesto un traje verde limón horrible similar a un uniforme, mientras que Lucy llevaba un moño y un vestido blanco a juego con su collar de perlas. Jonas, por su parte llevaba unos vaqueros y unas zapatillas de andar por casa. El pez no llevaba nada puesto.
No queremos dejar pasar por alto lo expuesto anteriormente: En la habitación verde se encontraban el gran Tim, su madre Mary, su padre, el barbudo Judas, y un dinosaurio.
Tim vestía un albornoz de color naranja, mientras que su madre Mary llevaba una cofia y un delantal a juego. Judas, por su parte llevaba un pijama y un afeitado apurado. El dinosauro llevaba una bata de franela.
A modo de conclusión, diremos que: En la habitación negra se encontraban el gigante Timmy, su madre Milly, su padre, el bigotudo Johan, una centuria romana, varias palomas, doscientos cincuenta gramos de filetes de ternera, un policia, Ewan Mc Gregor, Jesucristo y Chindasvinto, rey godo. Timmy iba desnudo como buen gigante, Milly vestía un camisón negro, una falda amarilla, medias azules, y en las manos llevaba unas castañuelas. Johan, por su parte, lucía unas gafas, peluquín, calzoncillos blancos y unos ligueros negros.
La centuria romana, varias palomas, el policía, Ewan Mc Gregor, Jesucristo y Chindasvisto, rey godo, llevaban puestas las ropas normales que suelen vestir.
Los doscientos cincuenta gramos de filete de ternera se los comió mi perro.
Y esto, señorías, es de todo lo que me puedo acordar...
Bloom-Withno
domingo, 21 de noviembre de 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
A una amiga lejana
Cada vez que pienso en ti me embarga la melancolía. Una envidia sana que provoca una sonrisa en mi rostro. Muchas personas sueñan con sus sueños, pocos los consiguen.
Desconozco si eres feliz, hace ya tiempo que tu rastro se difuminó en el tiempo que nos ha tocado vivir. A través de mí habla el recuerdo, pues recuerdo es todo lo que tenemos.
Tuviste el coraje de seguir, no amedrentarte, coger las riendas de tu vida, no desfallecer, ser abnegada hasta que tus fuerzas menguaran. Ignoro si lo que digo es verdad, pero quiero recordarlo así.
Recuerdo tu cara arrugada por la sonrisa, una leve inclinación hacia atrás de tu cuello y la risa emanaba de tu garganta. Nostalgia de otros tiempos.
Un día te vi partir, caminando hacia tu destino. Me sentí solo y desamparado, amplificando todo como si fuera devastado por una horda. Perdón, exagero, los recuerdos se amontonan.
Te he admirado toda mi vida y seguiré haciéndolo. Estoy tan orgulloso de ti que quizás ni lo sepas.
Me vuelvo a leer. Es posible que exagere. O no. En lo último, seguro que no.
Pocas veces conoces a gente extraordinaria capaz de decidir su vida. Yo he tenido esa suerte. Ella tuvo esa valentía que yo no tuve ni tendré nunca. Puede que no te vuelva a ver. Espero que seas feliz.
Desde mi habitación, donde recuerdo a mi amiga.
Bloom-Withno
Desconozco si eres feliz, hace ya tiempo que tu rastro se difuminó en el tiempo que nos ha tocado vivir. A través de mí habla el recuerdo, pues recuerdo es todo lo que tenemos.
Tuviste el coraje de seguir, no amedrentarte, coger las riendas de tu vida, no desfallecer, ser abnegada hasta que tus fuerzas menguaran. Ignoro si lo que digo es verdad, pero quiero recordarlo así.
Recuerdo tu cara arrugada por la sonrisa, una leve inclinación hacia atrás de tu cuello y la risa emanaba de tu garganta. Nostalgia de otros tiempos.
Un día te vi partir, caminando hacia tu destino. Me sentí solo y desamparado, amplificando todo como si fuera devastado por una horda. Perdón, exagero, los recuerdos se amontonan.
Te he admirado toda mi vida y seguiré haciéndolo. Estoy tan orgulloso de ti que quizás ni lo sepas.
Me vuelvo a leer. Es posible que exagere. O no. En lo último, seguro que no.
Pocas veces conoces a gente extraordinaria capaz de decidir su vida. Yo he tenido esa suerte. Ella tuvo esa valentía que yo no tuve ni tendré nunca. Puede que no te vuelva a ver. Espero que seas feliz.
Desde mi habitación, donde recuerdo a mi amiga.
Bloom-Withno
martes, 9 de noviembre de 2010
Futilidades
Unos hablan de sí mismos, otros hablan de otros que no son ellos. Opinan, disertan, confunden. Pequeño espectáculo circense: Todos tenemos una opinión y queremos hacerla valer.
Otros no hablan ni de ellos, ni de nada en particular, son reservados hasta límites insospechados rayando la falta de respeto. Quizás no haya nada que decir al fin y al cabo.
Unos se expresan, otros rebaten, algunos intentan, muchos seducen.
Así es el día a día de lo que pienso sobre la raza humana y su comunicación. Oírnos, parece que nos oímos, pero, ¿nos escuchamos?
En realidad no queremos que nos escuchen. Queremos soltar nuestra retahíla de opinión y que llegue a otros oídos, da igual quien sea el portador de las orejas, lo importante es que yo opine. ¿De qué? ¿Sobre qué? Eso da igual, tengo opinión para todo.
¿Somos empáticos? ¿Tenemos asertividad? ¿Cuanto odio albergamos en nuestro interior? ¿Es posible el amor incondicional? ¿Somos cada vez más hipócritas? Preguntas que posiblemente os importen una mierda. No os culpo.
Quizá nos baste con sobrevivir...
Bloom-Withno
Otros no hablan ni de ellos, ni de nada en particular, son reservados hasta límites insospechados rayando la falta de respeto. Quizás no haya nada que decir al fin y al cabo.
Unos se expresan, otros rebaten, algunos intentan, muchos seducen.
Así es el día a día de lo que pienso sobre la raza humana y su comunicación. Oírnos, parece que nos oímos, pero, ¿nos escuchamos?
En realidad no queremos que nos escuchen. Queremos soltar nuestra retahíla de opinión y que llegue a otros oídos, da igual quien sea el portador de las orejas, lo importante es que yo opine. ¿De qué? ¿Sobre qué? Eso da igual, tengo opinión para todo.
¿Somos empáticos? ¿Tenemos asertividad? ¿Cuanto odio albergamos en nuestro interior? ¿Es posible el amor incondicional? ¿Somos cada vez más hipócritas? Preguntas que posiblemente os importen una mierda. No os culpo.
Quizá nos baste con sobrevivir...
Bloom-Withno
lunes, 1 de noviembre de 2010
La Literatura de los Hechos
De entre los distintos géneros (y engendros) literarios, la novela ha sido el ejemplo perfecto para dar rienda suelta a la imaginación, a la deformación y elasticidad del lenguaje. Por eso se va a hablar de todo lo contrario: De los libros en los que "pasan cosas".
Lo de contar historias viene de lejos, no se buscaba un estilismo o una belleza formal: Todo consistía en relatar, de manera fidedigna o exagerada una hazaña, una lucha, una epopeya. Así descubrimos a Homero, a Virgilio y demás escritores de la antigüedad, contadores de historias.
A nuestros días eso fue llegando gracias a la tradición oral, juglares que exaltaban los valores del héroe y su capacidad de sacrificio.
Pero debemos hacer una primera parada de manera obligatoria.
Aparece "El Quijote". Siempre se ha dicho que en una época llena de novelas de caballerías, "El Quijote" acabó con ellas, siendo ésta, entre otras muchas cosas, en esencia una novela de caballerías (quien no vea eso, que se lo haga mirar, o leer "El Quijote"), con un caballero algo tocado de cabeza.
Es decir, seguíamos hablando de historias, de contar cosas, aunque el panorama había cambiado gracias a la prosa cervantina.
Se siguieron contando aventuras y desventuras de reyes, amantes, suicidos, odios y demás temática siempre engarzada con relatos bellos, o crueles según se diera el caso, hasta llegar al siglo XX.
Aquí tenemos que parar y echar el freno. Aparece el "Estilo por el estilo". Las vanguardias se apoderan de la escena, no sólo vale contar si no cómo contarlo, ahí radica su belleza. La forma como mensaje, como algo que lo hace reconocible y distinto, alejado de aquella sucesión de historias unas tras otras. Por supuesto que se cuenta algo, pero es secundario. La acción se va desvaneciendo.
Atrás quedan las épocas de Galdós o Quevedo, el mundo se enfrenta a una revolución.
Qué contar, qué narrar, carece de importancia. ¿La acción? ¿eso qué es?
En un corto periódo de tiempo, escritores como Faulkner, Kafka, Proust o Joyce rasgan las vestiduras ancestrales de la Literatura sabiéndose poseedores de algo nuevo, un estilismo absolutamente radical. La acción ha muerto.
Posteriormente, genios como Borges, Beckett o Céline le dan otra vuelta de tuerca al estilo, deformándolo más, hasta llegar al boom latinoamericano con García Márquez a la cabeza.
Llegamos a nuestros días. Como todo es ciclotímico, volvemos a la Literatura de los Hechos.
Ya nadie se preocupa por el estilo, por preservar una identidad. Ahora lo que importa es contar historias en primer y único lugar.
¿Dónde queda el estilo? ¿Existe algún estilo hoy en día? ¿Qué es el estilo?
Desde mi prisión de libros amurallados que recitan historias monolíticas
Bloom-Withno
Lo de contar historias viene de lejos, no se buscaba un estilismo o una belleza formal: Todo consistía en relatar, de manera fidedigna o exagerada una hazaña, una lucha, una epopeya. Así descubrimos a Homero, a Virgilio y demás escritores de la antigüedad, contadores de historias.
A nuestros días eso fue llegando gracias a la tradición oral, juglares que exaltaban los valores del héroe y su capacidad de sacrificio.
Pero debemos hacer una primera parada de manera obligatoria.
Aparece "El Quijote". Siempre se ha dicho que en una época llena de novelas de caballerías, "El Quijote" acabó con ellas, siendo ésta, entre otras muchas cosas, en esencia una novela de caballerías (quien no vea eso, que se lo haga mirar, o leer "El Quijote"), con un caballero algo tocado de cabeza.
Es decir, seguíamos hablando de historias, de contar cosas, aunque el panorama había cambiado gracias a la prosa cervantina.
Se siguieron contando aventuras y desventuras de reyes, amantes, suicidos, odios y demás temática siempre engarzada con relatos bellos, o crueles según se diera el caso, hasta llegar al siglo XX.
Aquí tenemos que parar y echar el freno. Aparece el "Estilo por el estilo". Las vanguardias se apoderan de la escena, no sólo vale contar si no cómo contarlo, ahí radica su belleza. La forma como mensaje, como algo que lo hace reconocible y distinto, alejado de aquella sucesión de historias unas tras otras. Por supuesto que se cuenta algo, pero es secundario. La acción se va desvaneciendo.
Atrás quedan las épocas de Galdós o Quevedo, el mundo se enfrenta a una revolución.
Qué contar, qué narrar, carece de importancia. ¿La acción? ¿eso qué es?
En un corto periódo de tiempo, escritores como Faulkner, Kafka, Proust o Joyce rasgan las vestiduras ancestrales de la Literatura sabiéndose poseedores de algo nuevo, un estilismo absolutamente radical. La acción ha muerto.
Posteriormente, genios como Borges, Beckett o Céline le dan otra vuelta de tuerca al estilo, deformándolo más, hasta llegar al boom latinoamericano con García Márquez a la cabeza.
Llegamos a nuestros días. Como todo es ciclotímico, volvemos a la Literatura de los Hechos.
Ya nadie se preocupa por el estilo, por preservar una identidad. Ahora lo que importa es contar historias en primer y único lugar.
¿Dónde queda el estilo? ¿Existe algún estilo hoy en día? ¿Qué es el estilo?
Desde mi prisión de libros amurallados que recitan historias monolíticas
Bloom-Withno
lunes, 18 de octubre de 2010
La vida D
De la presión. De la tensión. De mi madre y su pensión. De la inacción, la interacción, racionalización, y mi pensamiento como punto de inflexión. De todo eso y más, de lo que hay a continuación.
De tu mirada, de tu beso, de tus tonterías con el pelo. De tu sonrisa y la arcada en mi gesto. De las convulsiones que de momento siento.
Del odio, del miedo, del pavor supremo. De mi salud, de mis fobias, de mis noches solas. De aquellas que recuerdas mientras el alba aflora.
Del alma perdida, recuperada y otra vez perdida, de la incesante constante del día a día, del cansancio, la agonía, del eterno moverse que es la vida.
Del deseo, drama, desdén, diatribas mezquinas, desayunos intempestivos cuando el sol salió hace horas, incluso días.
De la frustración y la amargura, de regurgitar la bilis hasta que encuentras la cordura. De todo eso uno se cura.
Del trabajo bien hecho, de la necesidad, del reconocimiento. Del camino tortuoso, del desenfreno, de la constancia y el empeño. De todo eso y más, de ver alcanzados tus sueños.
De mi vida presente, para mi futuro incierto.
Bloom-Withno
De tu mirada, de tu beso, de tus tonterías con el pelo. De tu sonrisa y la arcada en mi gesto. De las convulsiones que de momento siento.
Del odio, del miedo, del pavor supremo. De mi salud, de mis fobias, de mis noches solas. De aquellas que recuerdas mientras el alba aflora.
Del alma perdida, recuperada y otra vez perdida, de la incesante constante del día a día, del cansancio, la agonía, del eterno moverse que es la vida.
Del deseo, drama, desdén, diatribas mezquinas, desayunos intempestivos cuando el sol salió hace horas, incluso días.
De la frustración y la amargura, de regurgitar la bilis hasta que encuentras la cordura. De todo eso uno se cura.
Del trabajo bien hecho, de la necesidad, del reconocimiento. Del camino tortuoso, del desenfreno, de la constancia y el empeño. De todo eso y más, de ver alcanzados tus sueños.
De mi vida presente, para mi futuro incierto.
Bloom-Withno
viernes, 8 de octubre de 2010
Nobelesco
El "bueno" de Alfred Nobel (lo de bueno lo entrecomillo porque no tuve el placer o la desgracia de conocerle) concibió de una manera filantrópica la idea de dar unos premios en distintos campos de la raza humana.
Lo que en teoría parecía una idea interesante se estrella con otra realidad: Quien juzga y cuales son las condiciones en las que juzga.
Hablemos del Nobel de Literatura (no hablaremos del de la Paz que ese también tiene su punto). Generalmente se ha seguido una línea más o menos afín en cuestión de gustos, hasta que, oh, bendita época del capitalismo global y el reparto de riquezas, nos encontramos con la siguiente disyuntiva: Regalamos el Nobel en función de lo que a mí (la Fundación Nobel) me puede reportar.
Estamos hablando de todo un señor Nobel, el éxito supremo se supone, pero claro, tiene que haber un reparto del Nobel, algo parecido a los Juegos Olímpicos, la llamada "rotación de países". Esa, entre otras cuestiones, era una de las razones por las que el nuevo Nobel, Vargas Llosa, ha tardado en lograrlo: Sólo tenía que esperar a que el Nobel volviera a Sudamérica. Además, existe otra condición para que Vargas Llosa haya ganado: Los Nobel quieren siempre ir contra corriente porque necesitan eso, que se hable de ellos, es su momento único en el año, necesitan escandalizar, de ahí que este año hayan decidido ser sensatos y dárselo a un escritor bueno. Si las apuestas son el japonés Murakami y el estadounidense Cormac McCarthy, ambos best-sellers, la solución estaba clara: Se lo damos a Vargas Llosa porque así no lo espera nadie y damos una vuelta de tuerca.
Hablaba antes de la "rotación de países" en los Nobel. Eso explicaría por qué Le Clezió (francés), Kértesz (húngaro) o Gao Xingjian (chino con pasaporte francés) tengan el Nobel. Hay más casos de gente que ganó el Nobel y nunca más se supo (solo hay que mirar wikipedia y echarse a llorar).
En mi opinión, el mercantilismo con el que se vende el Nobel hace que pierda toda su esencia. Si bien es cierto que no todo el mundo se merece un Nobel pero hay que darlo cada año, mejor ir quitándose urgencias históricas como ha sido este año.
En el futuro, ¿el Nobel será para Ken Follet, Dan Brown, por ejemplo? Sólo de pensarlo me dan ganas de llorar.
Hay un dato demoledor. Es extendida la idea de que en el Siglo XX hubo cuatro escritores geniales por encima de todos: James Joyce, Marcel Proust, Jorge Luis Borges y Franz Kafka. ¿Adivinan cuáles de ellos lo ganaron?
Bloom-Withno
Lo que en teoría parecía una idea interesante se estrella con otra realidad: Quien juzga y cuales son las condiciones en las que juzga.
Hablemos del Nobel de Literatura (no hablaremos del de la Paz que ese también tiene su punto). Generalmente se ha seguido una línea más o menos afín en cuestión de gustos, hasta que, oh, bendita época del capitalismo global y el reparto de riquezas, nos encontramos con la siguiente disyuntiva: Regalamos el Nobel en función de lo que a mí (la Fundación Nobel) me puede reportar.
Estamos hablando de todo un señor Nobel, el éxito supremo se supone, pero claro, tiene que haber un reparto del Nobel, algo parecido a los Juegos Olímpicos, la llamada "rotación de países". Esa, entre otras cuestiones, era una de las razones por las que el nuevo Nobel, Vargas Llosa, ha tardado en lograrlo: Sólo tenía que esperar a que el Nobel volviera a Sudamérica. Además, existe otra condición para que Vargas Llosa haya ganado: Los Nobel quieren siempre ir contra corriente porque necesitan eso, que se hable de ellos, es su momento único en el año, necesitan escandalizar, de ahí que este año hayan decidido ser sensatos y dárselo a un escritor bueno. Si las apuestas son el japonés Murakami y el estadounidense Cormac McCarthy, ambos best-sellers, la solución estaba clara: Se lo damos a Vargas Llosa porque así no lo espera nadie y damos una vuelta de tuerca.
Hablaba antes de la "rotación de países" en los Nobel. Eso explicaría por qué Le Clezió (francés), Kértesz (húngaro) o Gao Xingjian (chino con pasaporte francés) tengan el Nobel. Hay más casos de gente que ganó el Nobel y nunca más se supo (solo hay que mirar wikipedia y echarse a llorar).
En mi opinión, el mercantilismo con el que se vende el Nobel hace que pierda toda su esencia. Si bien es cierto que no todo el mundo se merece un Nobel pero hay que darlo cada año, mejor ir quitándose urgencias históricas como ha sido este año.
En el futuro, ¿el Nobel será para Ken Follet, Dan Brown, por ejemplo? Sólo de pensarlo me dan ganas de llorar.
Hay un dato demoledor. Es extendida la idea de que en el Siglo XX hubo cuatro escritores geniales por encima de todos: James Joyce, Marcel Proust, Jorge Luis Borges y Franz Kafka. ¿Adivinan cuáles de ellos lo ganaron?
Bloom-Withno
martes, 21 de septiembre de 2010
A mí mismo (Para tí, de mí)
He estado contigo desde el principio. Tu primer recuerdo es una imagen borrosa de tu cuna al lado de la cama de tus padres, en la parte derecha de su habitación, con las paredes de papel azul pintado. En esa habitación pintabas con tiza una carretera donde tus chapas jugaban, y ya descubriste la perspectiva cuando en esa habitación, plana y horizontal, diferenciabas entre el principio de un puerto de montaña y su cumbre. Eras un niño despierto. De pequeño te gustaba correr escaleras arriba y pegar un susto a tu madre. Un día la agarraste de un pie, ella se desequilibró y se cayó. Nada grave, pero tú descubriste el miedo. Tu madre nunca se enfadó (nunca se enfada) ni te reprendió, solo una vez, cuando pensó que te habías perdido y en realidad estabas a doscientos metros.
Cuando tenías 3 años ibas a empezar el colegio. La imagen cruzando el paso de cebra agarrado de tu madre camino al colegio la tienes grabada, igual que cuando te abriste la cabeza con tus amigos haciendo una carrera. Cosas de críos.
Recuerdo tus primeros amores, tu soledad, tu miedo a ser rechazado, a sufrir, a decepcionar a los demás, el esfuerzo que todo te ha costado. El haber tocado fondo y saber lo que es no poder bajar.
También he visto como sacabas fuerzas de donde no las había, de tu abnegación por no traicionarte a tí mismo, de ser consecuente y generoso con los demás, tener un buen corazón.
Te he visto crecer desde dentro y estoy muy orgulloso de lo que te has convertido. Tu vida crece y progresa por caminos que todavía no sabes desentrañar pero que más tarde o más temprano descifrarás.
En tu mano está en convertirte en lo que quieres. Tienes un poder inimaginable, sólo tienes que descubrirlo.
Bloom-Withno
Cuando tenías 3 años ibas a empezar el colegio. La imagen cruzando el paso de cebra agarrado de tu madre camino al colegio la tienes grabada, igual que cuando te abriste la cabeza con tus amigos haciendo una carrera. Cosas de críos.
Recuerdo tus primeros amores, tu soledad, tu miedo a ser rechazado, a sufrir, a decepcionar a los demás, el esfuerzo que todo te ha costado. El haber tocado fondo y saber lo que es no poder bajar.
También he visto como sacabas fuerzas de donde no las había, de tu abnegación por no traicionarte a tí mismo, de ser consecuente y generoso con los demás, tener un buen corazón.
Te he visto crecer desde dentro y estoy muy orgulloso de lo que te has convertido. Tu vida crece y progresa por caminos que todavía no sabes desentrañar pero que más tarde o más temprano descifrarás.
En tu mano está en convertirte en lo que quieres. Tienes un poder inimaginable, sólo tienes que descubrirlo.
Bloom-Withno
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