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viernes, 5 de febrero de 2016

Un Invierno en Madrid

"Madrid es como el Sáhara, un camello por persona"
(Frase extraída de la canción "Falsa sensación de calma" del grupo Duo Kie"

Madrid es una ciudad con más de un millón de aristas. Cada esquina es un desafío, cada calle, un recorrido. Perderse en las calles de Madrid en invierno es conversar contigo mismo durante horas interminables al calor de un buen café que te recuerda quién eres cuando llegas a casa.
Madrid es acogedora con la gente de otras ciudades, pero su abrazo no es cálido. Madrid es una ciudad donde cualquier pensamiento nocivo te pasa factura. Una noche en un invierno en Madrid son años de vida. Prueben a pasar una noche deambulando por sus calles, encontrarán de todo, de lo más variopinto, gente yendo de un lado a otro, cantando, riendo...

Pero asegúrense, cuando vengan a un invierno en Madrid, de que en casa hay algo que les espera.

Madrid es terriblemente fría y cruel con la desdicha, con su soledad que no empatiza, con la melancolía que hiende y hiere a todo aquel viandante incauto. Madrid es una ciudad muy puta si no la conoces. Si no sabes que cada camino que surge en cada cambio de dirección en tu recorrido puede llevar al cielo o al infierno. Donde los hálitos de vida son suspiros al calor de una reunión de amigos mientras fuera el viento golpea los ventanales. Nadie pasa por Madrid sin una cicatriz.

Madrid es una rosa de espinas, preciosa a la vista pero quirúrgica al tacto. Te mantiene alerta su trasiego de café, periódico y vaho en las cafeterías, ese cielo plomizo, gris, que acoge a contrapié al desprevenido. Madrid es una ciudad única, y ese es su encanto. Y quizá, su propia muerte.

Madrid no deja indiferente a nadie. Es el cielo y el infierno. Solo de ti depende. Un invierno en Madrid, acérquense. La entrada solo cuesta la razón...

lunes, 21 de diciembre de 2015

Lascivia

A la que despuntaba el alba la boca tocaba otra boca. Otro mundo, otra época quizá, dos cuerpos alejados del espacio-tiempo que se buscaban y se perdían en una telaraña de brazos y piernas, rebuscándose el alma en cada contacto, suave, áspero, dulce, que hacía remover al otro en cada poro de su piel.
El alba despuntaba, decíamos, y las sábanas eran testigos de un maremoto. La atmósfera, a cada rato viciada, no dejaba dudas a lo sucedido en la habitación. Pequeñas y finas líneas iban y venían en el liviano aire entremezclado con anhelos y suspiros.
El frío que vivía en las esquinas dejaba paso a un centelleante ardor en el centro de la estancia. Un vívido recuerdo de llamas que intentaban buscar las últimas bocanadas de oxígeno.
Una lucha de gigantes hercúleos que pelean a golpe de sable y redes, forcejeando, retorciéndose, evitando ser vencidos, dejándose hacer, forzando el empate, suplicando la derrota y robando en el útlimo minuto la ventaja a su oponente. Marcas de dedos, pieles rosáceas (cuando no rojas), blanco nácar de mármol etéreo.

Unas mejillas sonrosadas. Un retorcimiento de placer, un alma satisfecha. Una mañana fría de invierno donde el café está a punto de hacerse. Un estallido de júbilo en la ducha. Un sentido a que todo cuadre.

Un no olvidar que somos humanos. Recordar que los dioses nos envidian.

Bloom-Withno

lunes, 14 de diciembre de 2015

Peraltes

"No creas que estoy huyendo
si me ves retroceder, espera,
que estoy cogiendo carrera" 

(Letra extraída de la canción "Pedrá" del grupo Extremoduro)

"Dos opciones ahora se presentan: 
te dejas llevar o te frenas. 
Te puedes hundir en la pena o puedes luchar contra ella."

(Letra extraída de la canción "El Mundo sigue girando" de El Chojin) 

Lo que no te mata te hace más fuerte. Bicho malo nunca muere. Cosas de esas... Cosas de esas que tienen razón, pues todo es cuestión de perspectiva.
Seamos perspectivos, por una vez en nuestra vida, intentemos ver cómo fluye ese río que va a dar la mar que es la vida que has vivido. Está bien salirse del camino marcado, pero... ¿te has salido de tu propio camino?
La vida son experiencias y cada experiencia tiene un peralte. Como un skater dibujando la curva para salir más rápido que como entró. Puedes impulsarte. Puede salir más sabio. Puedes proyectarte. Puedes decirle al cielo que el sol no es capaz de dejarte ciego cuando lo miras, que todo en este mundo gira en torno a ti. Puedes ser el verdadero hombre de Vitrubio. Puedes.
Y debes. Debes ser ese hombre o mujer que entiende la velocidad de la vida, aquel que coge el toro por los cuernos, el que sonríe donde los demás notan angustia, el que mira a los ojos a la vida y dice "¿eso es lo mejor que puedes hacer?"

La vida no son sino peraltes, aquellos que coges en la ola de tu vida y deben llevarte a otro lugar con el aprendizaje adquirido. Eso debe ser. Pero a veces...
 Pero a veces no entiendes la velocidad de la vida ni sus señales, demasiado rápido o demasiado lento, una curva que no llega o se pasa, un segundo de duda, un resquicio por donde se cuela lo futil y donde te caes con todo el equipo. Una vida donde no has aprendido nada.
Somos parte de las estrellas. Poder alcanzarlas es cuestión de voluntad. Y de leer señales. Y tú, ¿eso es lo mejor que puedes hacer?

Bloom-Withno

viernes, 11 de diciembre de 2015

Quirúrgico

Como un bisturí que rasga la piel en dos, ejecutando una diagonal perfecta. Como un siete en el pantalón al levantarte de la mesa. Como una carrera en una media nada más estrenarla. Como Leo Messi corriendo hacia portería contraria.

Como algo aséptico, blanco, desinfectado. Como algo donde los sentimientos se quedan en la puerta. Como si todo olor obligara a poner cara extraña. Como si el algodón no engañara.

Como un martini en Saint Tropez. Como un masaje relajante tras una dura jornada de trabajo. Como un baño de sales y burbujas burbujeantes en el baño de un hotel de cinco estrellas. Como el cigarro de después. Como ese agua que bebe el sediento. Como acabar lo planificado tres días antes. Como despertarte y ver en el despertador que quedan cuatro horas para el toque de queda.

Preciso, punzante, afilado, fino, sincero, desafiante. Como un periscopio que emerge de entre las profundidades. Silencio, sibilino,frío, subrepticio, indetectable. Como el amor cuando no es correspondido.

Como un pastoral de luces que brillan sin cesar a cada paso que damos. Como un suspiro frío una noche de Diciembre donde te dejaron o dejaste, donde ganaste o perdiste, donde lloraste o reíste, donde moriste o viviste, donde todo dejó de tener sentido o todo cuadró primera vez.

Tu frialdad y precisión quirúrgica para discernir lo que ha pasado, pasa o pasará, el momento de tu vida donde todo se mira con perspectiva. Donde corres hacia portería contraria, donde haces carreras en las medias, donde dibujas sietes en los pantalones, donde rasgas la piel en dos.

Bloom-Withno

viernes, 4 de diciembre de 2015

Significarte

"Ineluctable modalidad de lo visible: al menos eso si no más, pensado con los ojos "- Stephen Dedalus en el inicio del capítulo 3 del "Ulises" de James Joyce

Significarte, esa palabra que casi nunca nadie emite por su boca. Una palabra que va implícitamente anterior a "políticamente", pues nadie dice significarte cuando alude a otro tipo de cosas, usando vocablos mucho más acertados como "sincerarse" cuando alguien va a decir algo que va a tocar las narices al receptor del mensaje,o "posicionarse", como queriendo decir que estás geopolíticamente en una esfera distinta al resto.
En realidad, lo que signifique significarte es insignificante. Son solo palabras casi obsoletas que demuestran poco o nada, tales como "persignarse", "genuflexión" o "procrastinar". ¿A quién puede importarle tales palabras?
O quizá, significarte implica dos vocablos: significa y arte. A lo mejor significarte significa arte, y el arte es mucho. El arte, decíamos. Pero no de frío. Helarte es otra cosa. Aunque no hay nada como el arte para dejarte helado, aterido, henchido, hinchado, pasmado o boquiabierto cual síndrome de Stendhal viviente. Como un gozo, un goce, un gozne o un gofre caliente. Como Joffrey, como Yogui, como esos personajes que aparecen por tu vida de soslayo, casi sin rozarte.
Soslayo. Solsticio. Lacayo. Armisticio. Y así, la vida entera...
Signifique significarte lo que quiera Dios que signifique, poco importa. Y ya saben que la importancia importa en función de quien lo refuta o lo niega, pues poco más podemos saber de esta vida, quizá perra, en función inconexa de lo que uno quiere o lo que uno
Desea

Bloom-Withno

sábado, 28 de noviembre de 2015

Sorpresas te da la vida

"Somos lo que somos 
Somos lo que vemos
Somos lo que oímos
Somos lo que rueda
Somos lo que anda y va
No quiero ná de ti"
(Letra extraída de la canción "Ná de ti" de Macaco)

Basten estas palabras del anteriormente grupo decente llamado Macaco para explicar algunas cosas que tiene la vida y que uno, no por ser la primera vez, sigue sorprendiéndose. Porque aunque, con nuestra maldita rutina diaria, nos seguimos soprendiendo.
Sorprende la necedad diaria del que no ve más allá de su propio ombligo. Sorprende, eso sí, algo menos, su desventura para con el prójimo. Como si en su atalaya que todo lo juzgara se sintiese cómodo.
Sorprende y a veces hasta con sorna el garrulismo propio de demasiada gente. Nadie con dos dedos de frente se puede sentir superior a nadie, pero clama al cielo la estulticia de demasiada gente. Quizá haya un porcentaje parecido de gilipollas y sabios en el mundo y vayan fluctuando, quien sabe.
Sorprende que sorprenda esperar algo de alguien. Hay gente que vive en otra galaxia.
Sorprende el que todavía haya buena gente en este condenado planeta. Sorprende que todavía haya pobreza, sorprende incluso mostrar sentimientos. Hasta ese punto ha llegado nuestro cinismo, se supone que la insensibilidad demuestra fortaleza.
Sorprende la falta de autoestima, la falta de palabras tiernas, las palabras de amor, de cariño, de afecto. Sorprende incluso que haya gente que siga esperando. Y esperando.
Sorprende todavía la ingenuidad del enamorado que se cree correspondido. Sorprende la falta de autoestima de la chica que se rebela contra el mundo por su soledad.

Solo tienen que pararse en un banco de un parque y verles pasar. Sus miedos, sus dudas.
Quizá hasta os veáis a vosotros mismos.

martes, 15 de septiembre de 2015

El gris Septiembre

"Me has alterado poniéndote a mi lado
Yo que vivía tan feliz en un tejado"

(Letra extraída de la canción "Sol de Invierno" del grupo Extremoduro)

Pues qué quieren que les diga, no sé si alterado o no, pero todo tiene un aspecto de noche, ¿no les parece? Como si Septiembre fuera un mes de eterna nocturnidad a plena luz del día, como si los grises dominaran todo, como si cada lluvia recordara que los adoquines que pisamos son una simple secuencia por la que nunca dejamos de andar.

Intentamos cuadrar todo hasta que todo salta por los aires. Mientras, hacemos cálculos. Esperar, esperar... pensar, repensar... y así, hasta que todo llega. Pero hasta que llega, ¡Lo que hay que pasar!

Ya no hay noches a la luz de las estrellas donde sentirse seguro, decimos adiós a los claros que se abrían y nos permitían soñar. El aire se vuelve plomizo y las sienes nos duelen, como si tuviéramos una incapacidad para ser felices en Septiembre.

Septiembre no es mes de melancolías, como lo es Abril, ni mucho menos de funeral, como es Noviembre. Septiembre simplemente te atropella poniendo las calles donde antes solo había caminos de tierra, te pone zapatos donde los pies andaban lozanos y sueltos, te coloca un traje para que vuelvas a recordar que la hora del recreo se acaba.

Septiembre refunfuña porque no le gusta ser el mes serio, aquel que ponga orden a tu vida. También es alegre y risueño a su modo, pero nadie le entiende. Pobre Septiembre. Le gustaría a veces ser un Agosto de amores fugares y corazones palpitantes, o un Diciembre familiar cubierto de nieve, pero él es un incomprendido necesario para que los grandes momentos de nuestra vida ocurran gracias a su aguante estoico de mes plomizo.

Septiembre me disgusta y agrada a la vez. Anticipa el otoño y trae una alegría muy distorsianada en la que me siento seguro, pero conlleva lloros de las nubes que agudizan mi tristeza.

Pero no desesperes, Septiembre. Nadie te olvida. Por algo será...

lunes, 27 de julio de 2015

Mindfulness/Nunca es tarde

Así es cómo lo vamos a hacer y así es cómo debes enfrentarte a esto. Todo lo demás, es añadido.

El despertador suena, pero tú ya estás despierto. Te vistes, desayunas y sales por la puerta de tu casa concentrado en lo que debes hacer. Caminas por la calle y eres absolutamente consciente de todo, más erguido, cabeza alta, entendiendo lo que te rodea, formando uno con el medio. Energía que fluye alrededor tuya. Inconscientemente elevas la palma de la mano y cierras el puño violentamente como si dominaras el viento que surge a tu paso.

Pero quizá... quizá lo domines.

Caminas, decíamos, pero la sensación es la misma cuando entras a un establecimiento, coges un autobús o te subes a un coche. Tu cabeza está alineada con tu corazón, te sientes sereno y tranquilo, sabiendo que tienes un propósito y una misión que cumplir: vivir.

Tienes una energía que liberar pues al mantenerla dentro de tu cuerpo se emponzoña. Y necesitas inundarlo todo. Desbordar todo lo que tienes es todo lo que puedes hacer para sentirte tú, para sentirte pleno, para poder entender quién eres y qué haces aquí, pues todo lo demás es añadido.

En ese torrente irrespirable donde tú eres el maestro que mueve los hilos, en ese caos que tú domas con la concentración y la inconsciencia necesaria para ser feliz, donde todo baila al son que tú marcas, donde nada puede hacerse sin tu consentimiento, donde todo estTALLA PUES TIENE QUE ESTALLAR PORQUE ASÍ HA DE SER Y NADIE MÁS PUEDE DECIRTE LO QUE DEBES O NO DEBES HACER, Y ASÍ SER TU PROPIO MAESTRO Y BRILLAR COMO LAS ESTRELLAS LO HACEN EN EL CIELO

POR ESO!!! Por eso...

Por esos segundos donde te recompones mientras tu mirada tiende al infinito, comisura de los labios seca, la garganta desbocada mientras el corazón palpita. Donde tu consciencia de la situación lo es todo. Donde has dicho adiós al pasado.

No merece la pena odiar lo sucedido, no merece la pena llevar fardos pesados a la espalda en forma de desengaño o desprecio. Tú eres más que todo eso, más que todos esos. Adiós a los armazones que constituían tu existencia, limpia el óxido de tus huesos, vuelve a ser quien se supone que eras.

Nunca es tarde para empezar de nuevo.
Nunca es tarde para decir lo siento.
Nunca es tarde para sentirse vivo.
Nunca es tarde para saber, si se sabe, que todo tiene sentido.

Bloom-Withno

sábado, 25 de julio de 2015

El niño que llevas dentro

"Somos el tiempo que nos queda, la vieja búsqueda, la nueva prueba.
Yo tampoco sé vivir, estoy improvisando"
(letra extraída de la canción "Vivir para contarlo" del grupo "Violadores del Verso")

Es complicado intentar llegar a entender por qué somos como somos. Qué nos mueve a hacer, o en algunos casos, a no hacer, según qué cosas. Tomar conciencia es un ejercicio tan exhausto como no obrar en consecuencia.
Por dónde empezar, por dónde intentar encontrar un discurso coherente que articule una sucesión de palabras. Cómo decir algo que merezca la pena decir. De todo eso es lo que se supone que uno debe escribir cuando aporrea el teclado.
Con el tiempo, uno traduce su rabia en incorformismo y nunca olvida al niño que lleva dentro (cómo pudiera, si con solo verse reflejado lo nota en cada espejo) y lo alimenta de recuerdos y sueños por hacer.
Pero hay gente que ha olvidado a sus niños, gente que tiene a angelicales personitas olvidadas en el más oscuro rincón de su alma por miedo a que les hagan daño, ignorando que justamente es eso lo que ellos hacen.
No existe nada bueno en pretender ser lo que no se es. Madurar no es ponerse corazas, eso no es cierto. Madurar es saber encontrar la virtud sin perder la perspectiva, nunca relegando a un segundo plano una fuerza de la naturaleza que llevas dentro.
Tu niño gordo quiere comer y debes alimentarle.
Puede que sean gordos, famélicos, feas, bonitas, con cicatrices en las muñecas, tuertos, cojos, o como quieran que sean, pero forman parte de ti y debes hacerlos brotar de tu interior. No existe fealdad en una sonrisa noble, ni el más profundo miedo en el puro odio. Hay que mirarlos como al enemigo que se planta ante ti y con respeto sabes que se merece ser tu igual, pues es casi una parte de ti.
En este mundo lleno de ruido y prisas donde cada uno secuencia su vida en función de la programación que toca hoy es casi ridículo pararse a pensar, reír, o incluso llorar. Y eso, es muy triste.
Dejen a sus niños salir, déjenles jugar. Olviden sus corazas, abran la puerta y permitan que la vida reciba lo que todos vosotros lleváis dentro, con vuestros miedos, vuestros anhelos, vuestra confianza.
Permítanles salir.
Sean niños.
Y olviden la brea del día a día.
Haganlo. Ya.
Salgan.
Mañana será tarde.

Bloom-Withno

jueves, 11 de junio de 2015

El hombre que vas a ser

"Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada"
 (Timo Cruz en "Coach Carter")

"Madre de, esposa de, imagen ajena, espejo que proyecta mi invisibilidad. Voy gritar ¡MUJER! voy a vivir por mi misma"
 (Letra extraída de la canción "Línea de Fuga" del grupo Hechos contra el decoro)

Hay momentos que se tornan cruciales en tu vida y es algo que no puedes explicar con palabras pero que notas en tu cuerpo. La energía fluye aquellos días en los que notas que el momento llega, que la vida, por extraña que parezca, te ofrece oportunidades que debes saber ver. Esa capacidad de abrirse a lo desconocido con el corazón y la cabeza limpias, con la curiosidad por bandera y sin miedo a lo que pueda venir es lo que te permite avanzar, como hace millones de años permitió a seres humanos vivir en cuevas, buscar asentamientos o descubrir el fuego.

Pero la mayoría de las veces tú mismo te boicoteas tus propias oportunidades. Qué digo, salvo contadas excepciones, siempre eres tú el que pone trabas a tus sueños. Por la sencilla razón de que no crees que puedas alcanzarlos, que tu seguridad se tambalea cuando no eres consciente justamente que tu seguridad consiste en no estar seguro nunca.

Eres la fuerza proteica del Universo, te lo dije una vez, y hoy te lo repito. Eres la luz que alimenta estrellas y no al revés. Eres poderoso, un guerrero que debe alimentar su alma para que pueda expresarse de todas las maneras posibles.

Pero tienes miedo, lógico. Solo aceptando que el miedo solo es un obstáculo que tú mismo te has impuesto, que tu energía debe fluir en todas las direcciones y caminos, llenando de vitalidad todo lo que toca, cuando descubres que la felicidad está en los pasos que recorres mientras buscas la felicidad, entonces es cuando empiezas a vivir.

Tienes miedo a convertirte en lo que puedes ser hasta que, cojones, dejas de tener miedo. Y una silueta aparece en tu cabeza, proyectando el hombre en el que te vas a convertir. La excitación crece, las pulsaciones se agitan, la emoción se desborda. Sabes quien puedes ser y, ahora sí, sabes lo que quieres ser.

El mundo se prepara para un hombre nuevo. Un hombre capaz de ser más completo y más sabio en el camino que le toca andar. Un hombre con una fuerza tal que ni la naturaleza podrá frenarlo.

Lo tienes en ti.
Siempre lo has tenido en tí.
Aliméntalo.
Deja que el guerrero
salga

Bloom-Withno

lunes, 1 de junio de 2015

Una musa en mi cabeza

Uno siempre tiene una musa en la cabeza a la que escribe. Esto lo sabían los griegos, y antes de los griegos los corintios, y antes de los corintios los egipcios y cualquier otro ser que no pueda reprimir las ganas de escribir.

Escribir mientras sangras, apretando los dientes y los puños, pelándote la piel de los nudillos en cada letra que estrujas contra el tejado, hundiendo la falange hasta que todo chirría, pues no hay otra forma de escribir. Escribir a lo crudo, escribir a lo seco. Como un viento cortante, como una navaja de afeitar en el que cada lijazo por el cuello es un tiro al aire.

Pero hay otros días en los que uno no puede ser tan intenso. Admitámoslo, ser "demasiado intenso" borra de un plumazo el concepto de intensidad y eso además satura a cualquiera que se pare por la calle a hablar con uno. No, la gente no quiere gente intensa. A veces, alguna gente no quiere ni gente.

Otros días es mucho más entretenido jugar con el lenguaje, modificarlo, retorcerlo, darle mil vueltas hasta que nuevas palabras flotan, surgen y brillan en todo su esplendor, como cuando un niño pequeño sonríe mientras tiene un juguete en su mano y el sol saluda a su paso. Una tierna manera de recordar el calor de los que están vivos y a los que el futuro pertenece.

En realidad todo es cuestión de colores. Solo tienes que elegir uno. ¿Quieres ser un negro que inunde todo, quizá un rojo tan incandescente que te hiera solo con verlo? ¿Qué eres? ¿Quién quieres ser? Puedes ser todos o ninguno, pero siempre habrá uno que te identifique. Tener un azul bonito que transmita calma allá por donde vayas o un morado que nunca olvida lo puta que es la vida. Quizá un verde que llene de vida todo lo que te rodea, qué se yo. Colores...

No se puede tener siempre pena por todo ni alegría en cada gesto, pero puedes intentarlo. Puedes remover cielo y tierra pensando en qué sucederá mañana y solo lo sabrás a ciencia cierta hasta que lo hagas. Puedes engañar a todos menos a ti mismo. Puedes amar a todos menos a ti mismo también. Simplemente puedes hacerlo. Porque poder hacer es lo que te permite avanzar y ser mejor que ayer.

Amarás a hombres y mujeres y los odiarás también. Te descerrajarán el corazón con un olvido, ignorándote, desapareciendo de tu vida dejando una marca indeleble que dolerá para siempre. Pero también habrá gente que te permtirá creerte inmortal, gente buena que puebla esta tierra y a la que solo tienes que identificar. Nunca lo olvides, nunca.

La pregunta es sencilla: ¿Ahora qué? No sé vosotros, pero la sonrisa nunca abandona mi gesto... Que dure, mientras hayan musas que me guíen...

viernes, 14 de noviembre de 2014

Me encantaría decirte

Las noches lluviosas, las alcobas calientes, el olor de una taza de café, un buen sorbo caliente que te recorre el alma. Una caricia sincera envueltos en una manta. Me encantaría decirte que todo eso pasó.
Pero no, nunca pasó. Ni pasará. Al menos, contigo. Y cada año que pasa es un rencor que nace y muere apagándose en los rescoldos de lo que nunca ocurrió, otro anillo más en este árbol viejo al que de cada rama le salen cicatrices. Un árbol que no se parte y crece orgulloso. Me encantaría decirte tantas cosas.
Y te las diré. Te diré cómo soy feliz en mi soledad, cómo cuando la gente busca abrigo en la cama o sale a buscar abrigo en la cama de otro yo soy feliz con mis pensamientos. Música de fondo, papel en blanco, sonrisa frente al ordenador, paz interior.
Me encantaría decirte cómo resisto al duro otoño, que atrae sombras sin piedad, cómo el invierno castiga cada buen recuerdo, cómo renazco en una primavera que no da respiro y cómo el verano ignora y olvida lo que recuerda al caer las hojas.
Me encantaría sentirme completamente bien aún sabiendo que eso es imposible. Me encantaría que todo te doliera, aunque luego reflexiono y pienso que no es para tanto, que no mereces nada y yo en cambio merezco todo.
Me encantaría decirte todas las cosas que te vas a perder porque un día decidiste girar tus ojos hacia otro lado y desaparecer de mi vida. Pero es posible que no las merezcas. Hace tiempo que sé que me debo a mí mismo.
Hace tiempo que no te busco en los rincones, ni siquiera en los más profundos de mi pensamiento puedo recordar tu cara, tus ojos, tu sonrisa. Todo se desvaneció.
Mientras todo eso pasa, yo soy feliz con muy poquita cosa. Como ahora. Como nunca.

miércoles, 16 de abril de 2014

Sólo quizá

Quisiera poder contarte. Quisiera, a ser posible, pensarte. Dibujarte, describirte. Poner tu sonrisa en el papel de mi alma y así perderme entre hilos invisibles que atan mi corazón a tu risa. Quisiera ser tu boca, la boca que junto con mi boca provoca que llueva alegría del cielo. Quisiera tocarte, mirarte y mimarte. Como nadie lo ha hecho, como nunca te han hecho.
También querría poder besarte, entrelazarte y abrazarte para fundirnos y ser uno.
Podría ser. Podría...
O quizá pudiera mirarte. Como miran los que no se conocen, con una indiferencia impensable. Escrutarte, camuflarme. Poner tu sonrisa en un boli sin tinta para que no dibuje mi alma. Encontrarme hilos perfectamente ordenados en mi corazón. Podría querer ser tu boca para observarte, desde la distancia, para consolarte.
También podría querer besarte, o quizá, sólo quizá...
Podría querer matarte. Quisiera, a ser posible, explotarte. Masacrarte, humillarte. Poner tu sonrisa en un cenicero convertido en mi alma y asi con mis hilos invisibles, ahogarte mientras río. Quisiera ser tu boca para descerrajarla, la boca que provoca que llueva bilis del cielo. Quisiera tocarte, hundirte y despreciarte.
También querría besarte. O quizá, sólo quizá...


jueves, 13 de febrero de 2014

Plantando flores en mi jardín

Voy a plantar flores en mi jardín. Petunias, margaritas, rosas y puede que alguna otra orquídea. No tengo pensado plantar amapolas, pues mi jardín es un símbolo de vida.
Se trata, en definitiva, de cambiar ciertas pautas. Cuando algo te aturde, cambia tus rutinas, se trata de eso.
Pero no solo de eso, también de conocerte más y mejor y no dejar que los errores te nublen el entendimiento.Se trata de cambiar.
No puedes recostarte en tu silla y esperar que la vida se solucione sola. O que la vida la vivan otros.
Eh, no te compadezcas, mueve el culo.
También puedes hacer otra cosa, a todas luces peor vista, pero mucho más eficaz: Explotar.
No te guardes nada, saca lo que tengas, grita por la ventana, corre, vuela, llega hasta donde nunca has estado antes. Pero no pares.
Nunca. Nunca pares.
Cuando estés tan cansado que no puedas moverte, entonces estarás empezando a vivir.
Cuando todo empieza a tener sentido en tu cabeza, es cuestión de tiempo que florezca el equilibrio.
La vida que tejemos es una cuerda muy fina que se deshilacha a cada paso que damos. Pero eso es vivir, a fin de cuentas.
No llores, no gimotees, no te quedes en casa, nadie va a vivir tu vida.
¿Por qué sigues leyendo esto?

En el jardín de mi casa.

Bloom-Withno

viernes, 7 de febrero de 2014

No lo hagas

 "Por verme amado de ella por todo el día
mañana en perder la vida consentiría"

 (Letra Extraída de la canción "Coda Flamenca" de Extremoduro)

- No lo hagas.
- Pero...
- He dicho que no lo hagas. Por favor.
- No entiendo nada.
- Lo sabes perfectamente. Así que, por favor, no lo hagas.
- Si hubiera sabido que esto iba a suceder...
- Eso no lo sabía nadie más que tú. Y yo, yo también lo sabía.
- Y ahora, ¿qué?
- No lo sé, pero deja de hacer eso.
- No puedo evitarlo, me...
- Ni se te ocurra hacerlo, ¿me oyes? Ni se te ocurra hacer eso. No necesito tu compasión.
- Pero..
- No, te he dicho antes que no lo hagas. Me asquea todo esto.

Se quedaron en silencio. Así, uno junto al otro. Dos cuerpos juntos, dos mentes tan alejadas, dos corazones tan distantes.

- Lo siento mucho.
- Ya.
- En serio, yo...
- Ya sé que lo sientes, claro que lo sientes. Pero no quiero nada de esto. Solo quiero silencio.

Miraban a la distancia, sin decir nada.
- Me voy... Cuando quieras... si te apetece, ya sabes dónde estoy. Adiós

Permaneció mirando la lejanía mientras se alejaba. Se preguntaba cuándo dejaría de romperse, cuándo podría hilvanar de nuevo sus jirones. Se preguntaba sí, de una vez, aprendería.
Resolvió creer que sí, pues todo es creencia hasta que sea certeza.
Experimentó otra vez lo que prometió no experimentar la última vez que experimentó esta sensación.
Se levantó y empezó a andar. Daban igual la dirección.
Pensó en cómo proseguir a partir de ahora, hacia dónde debería dirigirse. Creyó, con una precisión quirúrgica por primera vez en lo que iba de tarde, que todo iría bien.
Cruzó el umbral de su casa. Miró por la ventana. Sonrió.
En su contestador un par de mensajes, uno de su madre, otro que hablaba de verse hoy, que tenían que hablar.
- No lo hagas otra vez, por aquí no.

Bajó al bar, se encontró con sus amigos. Su miradas decían que...

- No. Vosotros no. No lo hagáis. No me toméis por una persona débil. No, no me hagáis sentir débil.
- Pero...

Salió por la puerta como alma que lleva el diablo. Corrió hasta no poder más. Se sintió libre. Sonrió. Gritó. Cantó. Bailó.
Y murió.
Al día siguiente, otra persona ocupaba su cama. Su aspecto era el mismo, pero el alma. Su alma no.
Por fin comprendió eso que le pasa a la gente cuando pierde el suelo que tiene bajo sus pies. Y empezó a reír todo lo fuerte que pudo.
Celebró su muerte. Y por todo lo alto. Fue más fuerte, se sintió indestructible.
Todavía continúa siéndolo.

Bloom-Withno

jueves, 6 de febrero de 2014

¿Tienes Miedo?

Cerró la puerta como el que cierra una vida. La de sus días, la que le tocaba vivir. Quizá no fuera buena idea, pero ¿qué otra cosa podía hacer?
Se subió la cremallera de la chaqueta y puso sus manos en los bolsillos. Hacía frío y un viento jaleaba de un lado a otro de la calle pequeñas motas de agua.
Pensó en algo lúgubre, algo oscuro, grotesco y ausente de luz donde su alma dormía a veces. Pensó, erróneamente, que ahí se sentiría seguro. Alimentando su monstruo interior, cómo negarlo.
En realidad, él era un monstruo, uno de los peores, aquel que, sabiendo lo que es, no lo muestra. Aparecía como un tipo normal, incluso, por qué no decirlo, sugerente. Pero los ojos no mentían.
Sus ojos decían que detrás de ellos lo que había era un abismo sin pozo donde las almas no encontraban paz. No era un psicópata ni nada por el estilo, nunca un asesino sediento de sangre. Era peor.
Era un vórtice. Sí, eso era, la puerta central hacia un agujero negro que todo lo absorbe, un mal endémico, la muerte negra que se abre paso y aniquila todo lo que toca.
Pensó mientras la vida moría ante su paso cómo podía escapar de aquello. Como ver luz en una noche cerrada. Quizá ni eso le importaba.
Por suerte para él, mucha gente ignoraba tal estado.
Yo solía verle pasar sentado en mi banco preferido. Era inolvidable, su mero andar presagiaba los peores temores, cargado de energía que podía destruir varios mundos. Era poderoso y nunca lo supo. Nunca entendió que su debilidad era su fuerza. Pobre loco.
Cuando lo recuerdo, esbozo una sonrisa.
Cerré la puerta como si me fuera la vida. Fuera hace frío. Mejor será que nos subamos la cremallera de la chaqueta.

Bloom-Withno

domingo, 2 de febrero de 2014

Eres lo que creas

¿Sabes ese momento exacto en el que tu cabeza se evade de tu cuerpo y sientes que todo está en orden? No entiendes por qué, probablemente porque es uno de esos momentos únicos en los que, irremediablemente, te haces sabio. No lo sabes pero lo sabes. Es una sensación extraña, pues no es consciente, no piensas, solo sientes. Y probablemente sientes porque dentro de ti lo sientes. Y esa afección hacia tu persona es, paradójicamente, una revelación. Sientes mucho lo que sientes, pero al sentirlo, todo tiene sentido.
¿Por qué pasa esto? Porque sin duda, empiezas a creer. Te vuelves proteico. Tus brazos se ramifican, creces, reproduces y abarcas todo lo que eres. Puedes asir las estrellas porque tu eres todo y todo eres tú.
Y no sabes por qué. He ahí la paradoja.
Pero entiendes.
Entiendes que estás en el punto de partida de algo que tú mismo decidirás.
Eres lo que creas, si crees, pues esta vida es creencia propia. Creer en ti. Descreer. Obviar todo lo que te rodea para entenderlo mejor.
Es posible que esto pase cada mil años. O es posible que no te vuelva a pasar.
Eres lo que creas. ¿Crees?

Bloom-Withno

martes, 14 de enero de 2014

Poemsamientos 2014 (I)

Todo lo que llega, llega. Pensar de otro modo es sencillamente estúpido.
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Todo lo que no llega, llega, pero más tarde. No entender esto es sencillamente falta de experiencia.
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No se llega a A desde B. Se llega a A desde A. El tema es encontrar dónde está A. O si A existe. O si existe (beckettianamente) AA o Aa. B no es A. B es B. Entender B como A es ver qué no hay A que sea B o viceversa. A es A . A no es B.
Aplicable a todo.
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Cuando llueva ácido, saca el termo. Nunca sabes cuando puede llegar el momento de volver a utilizarlo para lanzárselo a la cara de alguien.
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El tiempo es kunderianamente leve. Pero es tuyo. Tu tiempo. Temporizar los compartimentos de tu vida. Compartimentar el tiempo en momentos. Contemporizar.
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Citen a los clásicos, pero leánlos. No hacerlo les hará parecer que saben lo que hacen cuando en realidad no están haciendo buen uso de sus quehaceres. Lean, hostias.
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Existe una relación inversamente proporcional entre escribir y vivir. Salvo que lo lleves en las venas. Entonces la relación es espasmódicamente proporcional. O venenosamente proporcional.
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Conócete a ti mismo, pero deja de hacer el capullo.
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Llegar con vino y rosas es señal de manchas y pinchazos. Para lo bueno. Y para lo malo. Siendo lo bueno terriblemente malvado y lo malo terriblemente bondadoso. Si esto último pasa, el napalm ayuda.
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Tú eres la fuerza proteica del Universo. Entender esto es saber que todo está a tu alcance. Y entenderlo te da permiso para poder abofetear de manera aleatoria a la gente. Esto último quizá no, pero ya lo entenderás cuando te toque.
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Bloom-Withno



domingo, 12 de enero de 2014

Ella

Ella se mesa los cabellos cerca de la ventana. Piensa en nebulosas, mira sus manos, arrugadas por el paso del tiempo. De vez en cuando le asalta una idea. Es el momento, quizá. Él se lo ha pedido, puede que ahora sea buena época. Ha llegado a la treintena. Un atisbo de algo parecido al atrevimiento le hace decidirse. Ir de blanco. Celebrar una boda. Sus amigas ya se han casado y le atosigan a preguntas sobre su futuro. Cásate ya. Necesitas tener hijos. Estabilidad. Bueno, quizá sea el momento. Quizá.

Ella se mesa los cabellos cerca de la ventana. Piensa fríamente en lo que él le ha presentado. Un plan decidido de su futuro. Una hoja de ruta. ¿Qué fue de mis sueños, mis aspiraciones? ¿Es eso lo que quiero? Tiene miedo, siente temblores. Junta los brazos en su regazo. La personita que viene. Total, es solo un papel. Una formalidad. Para qué dar ese paso con miedo. ¿Es ése mi miedo? Quizá.

Ella se mesa los cabellos cerca de la ventana. Piensa con claridad acerca de su futuro, sus sueños en esta vida que acaba de comenzar, sus estudios, sus ansias de conocer el mundo, quizá viajar, enamorarse febrilmente de un joven apuesto que le robe el corazón. Ay, late mi alma adolescente con todas sus fuerzas. Tengo tantas cosas que hacer. Las haré, seguro. Nada podrá pararme. Seguro.

Ella mira el horizonte desde la ventana. Sonríe. Ante ella, colores, formas, aromas. Ríe. Le gusta lo que ve. Su cara risueña y feliz, propia de las almas no contaminadas por la vida. Ríe.

Ella mira el horizonte desde la ventana. Sonríe. Sus arrugas dibujan pequeños surcos en su rostro, cicatrices de una vida. Sobrevivir. Una vida vivida con intensidad, plena, feliz, con sus altibajos como todas. Mira al horizonte con sabiduría. Le recuerda a él. Sus ojos, su olor, su sonrisa. Su vida.

Ellas miran por la ventana. Ellas.

jueves, 9 de enero de 2014

Sereno

Tocar fondo es una expresión que cada vez está más manida. Como si fuera algo común, corriente, o incluso, saludable. Como si tocar fondo fuera un callejón sin salida.
Me resulta extraño incluso para mí, pero tengo una imagen muy nítida de lo que es tocar fondo. Soy yo, en un océano inmenso, descendiendo. Cada vez más bajo, cada vez más abajo. Pataleando compulsivamente hasta que me abandono, hasta que el silencio se apodera de mí y no lucho por respirar, no hay asfixia, ni temor, no hay luz, solo me rodea oscuridad, cada vez más negro, cada vez más abajo.
Esta imagen que mi mente recompone no es dueña de ningún momento concreto, es una reacción visceral que me sirve de autodefensa, de saber lo que es estar abajo, conocer esa sensación. Oh sí, todos tenemos problemas. Pero no es lo mismo.
Tocar fondo significa que eres consciente de tu situación, que no puedes ir a peor. Es una sensación, no hace falta que nadie te lo diga, lo sabes, lo notan en tus ojos, tus manos se agrietan, y si pudieran abrirte en canal, verían un torrente de sangre envenenada, negra como el infierno más lúgubre que te puedas echar a la cara.
Hay que tener un par de cojones grandes para saber esto y convivir con ello. Esto no te deja secuelas, sino escaras, piezas de tu alma que han sido flambeadas, cocinadas con magma por una vida cruel.
Cuando concibes eso, es cuando empiezas a vivir.
El día que tu pena negra deja de ser la garante de tu vida y decides que hasta las amapolas crecen en los lugares más hostiles. Cuando resistes la tempestad. No, no resistes. La haces retroceder. Como un mar bravío que se vuelve en calma a tu paso. Cuando eres el dueño de lo que te deparará la vida.
Es entonces cuando recuerdas que una vez, o durante un tiempo, tocaste fondo. Tu cuerpo todavía lo siente, pero ya convives con ello.
Eres poderoso y resplandeces a lomos de un caballo desbocado que centellea a su paso. Eres una fuerza viva dispuesta a desterrar cualquier atisbo de debilidad. Un titán de luz inalcanzable.
Es, en esos momentos, cuando descubres la calma.
Estar bien con uno mismo, controlar las bridas de tu vida. Conocerte y conocer, mirar más allá de. Mirar más alla de.
Como una estatua de mármol que te mira con sus ojos huecos, como la sonrisa del diablo que te asoma por la comisura.
Has pasado por todo eso y has vencido. Abre la puerta, el mundo es tuyo.

Desde la margen Oeste de la Laguna Estigia

Bloom-Withno