Puedo conciliar el sueño. Puedo, perfectamente, recostarme en la cama y dejar que mi cuerpo entremezcle memorias, recuerdos y sueños en un mejunje inconexo. Sí, puedo dormir con la conciencia tranquila.
Pero el sueño no llega de repente. Antes de que aparezca Morfeo te dices a ti mismo: ¿Hay alguna duda que me asalta? ¿He hecho algo mal?
Vamos a ir más atrás. Cuando te miras al espejo. Cuando tus ojos miran tus ojos, cuando dejas de mirar fijamente y la imagen proyectada en el espejo se difumina y distorsiona por unos breves instantes, hasta que recobras el sentido y la concentración y examinas ese rostro que es el tuyo. ¿Hice bien?
Retrocedamos más todavía: A ese primer pensamiento del día, cuando tu cabeza, todavía noqueada por el sueño, elige su primer pensamiento. Ese primer pensamiento al que tienes que buscar respuesta.
Vas somnoliento hacia el baño, con Morfeo agarrado a tu grupa, con el espejo reflejando tu rostro. ¿Hice bien? ¿Fue la decisión correcta?
Entonces buscas en el fondo de tu alma, y la respuesta fluye sola.
Una sonrisa amanece en el rostro, un rostro decidido que refleja tu determinación.
Un largo camino comienza, y ante ti sólo existe una estela blanca y pura, como tu conciencia, como tu corazón puro que marca el camino.
Arriba los dioses te envidian.
Bloom-Withno
viernes, 16 de septiembre de 2011
lunes, 29 de agosto de 2011
Nanas
Una niña, un camino.
Una mirada, un destino.
Una sonrisa, un desafío.
Camino, camino, camino...
El viento que golpea
y se hace añicos
Un silbido gutural,
un momento de alivio
Una mirada vidriosa
Camino, camino, camino...
*****
Silbante
Ululante
Ulutante
Silbante
Duerme pequeño
Duerme
Pues nada temerás
de ahora
en adelante
Duerme pequeño
Duerme
******
Cuando los ojos
cierres
y pienses que
todo se acaba
recuerda mi voz
la de tu madre
que te quiere
y te llama
Recuerda mi mano
y cógela con fuerza
pues sólo es la noche
y la oscuridad
lo que te atormenta
Descansa mi niño
que la luna está de duermevela
*****
Noche, nochera
oscura y perpetua
deja que contigo duerma
pues hoy he venido
a ahogar mis penas
Noche, nochera
no dejes que me pierda
por equivocados caminos
o veredas
Noche, nochera
agárrame hasta el alba
pues miedo
miedo tengo
de no despertarme mañana
*****
Bloom-Withno
Una mirada, un destino.
Una sonrisa, un desafío.
Camino, camino, camino...
El viento que golpea
y se hace añicos
Un silbido gutural,
un momento de alivio
Una mirada vidriosa
Camino, camino, camino...
*****
Silbante
Ululante
Ulutante
Silbante
Duerme pequeño
Duerme
Pues nada temerás
de ahora
en adelante
Duerme pequeño
Duerme
******
Cuando los ojos
cierres
y pienses que
todo se acaba
recuerda mi voz
la de tu madre
que te quiere
y te llama
Recuerda mi mano
y cógela con fuerza
pues sólo es la noche
y la oscuridad
lo que te atormenta
Descansa mi niño
que la luna está de duermevela
*****
Noche, nochera
oscura y perpetua
deja que contigo duerma
pues hoy he venido
a ahogar mis penas
Noche, nochera
no dejes que me pierda
por equivocados caminos
o veredas
Noche, nochera
agárrame hasta el alba
pues miedo
miedo tengo
de no despertarme mañana
*****
Bloom-Withno
sábado, 23 de julio de 2011
Nieve
Ella decidió salir de su casa en dirección al jardín. Al abrir la puerta y ser recibida por el aire frío, miró hacia el cesped. Había desaparecido. En su lugar, un manto blanco aparecía, dejando una estela a su lejos, con el viento arremolinado en curiosas espirales.
La niña miró expectante, dio unos pasos más allá y plantó sus pequeñas botas sobre la nieve. Oíase en sus pisadas el crujir de la nieve, destrozando esos cristales de hielo.
Extendió el brazo derecho, con la palma hacia arriba. Una palma rosada, redonda, sin estrías. Poco a poco su mano acumulaba pequeños copos que se agrupaban unos junto a otros, recorriendo las marcas de su preciosa mano.
Levantó la vista, alcanzando a ver el cielo entre diminutos rayos en forma de nieve que le atacaban lenta y paulatinamente. Mantuvo la mirada firme un rato. Después, decidió girar sobre la punta de sus pies y tomar el camino de vuelta a su casa. Una sensación cálida le reconfortó una vez traspasado el umbral.
Fuera, la nieve seguía cayendo...
Bloom-Withno
La niña miró expectante, dio unos pasos más allá y plantó sus pequeñas botas sobre la nieve. Oíase en sus pisadas el crujir de la nieve, destrozando esos cristales de hielo.
Extendió el brazo derecho, con la palma hacia arriba. Una palma rosada, redonda, sin estrías. Poco a poco su mano acumulaba pequeños copos que se agrupaban unos junto a otros, recorriendo las marcas de su preciosa mano.
Levantó la vista, alcanzando a ver el cielo entre diminutos rayos en forma de nieve que le atacaban lenta y paulatinamente. Mantuvo la mirada firme un rato. Después, decidió girar sobre la punta de sus pies y tomar el camino de vuelta a su casa. Una sensación cálida le reconfortó una vez traspasado el umbral.
Fuera, la nieve seguía cayendo...
Bloom-Withno
sábado, 2 de julio de 2011
Cuento de Aguas
Nací en el iris de mi madre. un día me caí por el lagrimal cuando mi madre estaba viendo una película de Woody Allen. Al principio se sorprendió un poco, pero luego lo tuvo claro.
- Como hacía tiempo que no se me caía una lágrima, eso era premonitorio de que iba a tener un niño, no me venía una lágrima desde hace tiempo.
A mi padre no le sentó muy bien, puesto que consideraba que no había contribuido lo suficiente, y aunque no se le veía muy a gusto, me acogió como si fuera de su propio esperma, a fin de cuentas, mi madre le comentaba con socarronería que al fin y al cabo el niño salió de un líquido. Un poco bruta mi madre.
Mi familia me contemplaba como a un niño más nacido de forma normal, pesé tres kilos y seiscientos cincuenta gramos, no está mal para una lágrima. Aunque la estupefacción era grande, mi madre me contaba un cuento todas las noches para dormirme y que creó toda la concepción de mi universo.
- Mira, el mundo lo hizo Dios, y creó a los hombres, pero los hombres se portaron muy mal, y al ver esto Dios, se puso triste y empezó a llorar.Y de sus lágrimas salió el diluvio universal y se creó una nueva vida. Por eso tú eres un mandato divino.
No me bautizaron, puesto que el párroco no estaba seguro de que fuera un niño normal, a pesar de la insistencia de mi madre de que era por la gracia de Dios. Al que no le hizo gracia fue al párroco, que llamó a Roma para informarse, los cuales le tomaron a chifla y se mofaron de él, a pesar de los gritos de los cardenales por callar a los allí presentes.
Mi infancia no fue dura en exceso. No me interesaron nunca los libros de ciencias, ya que tanto las matemáticas y física me daban miedo, y la química me provocaba urticaria, posiblemente por las reacciones que se efectuaban, con lo cual me interesé por la lectura. Intenté leerme los libros antiguos, pero era alérgico al polvo, con lo cual intenté leer todo lo último de este siglo.
Un día me sucedió algo particular. Estaba leyendo "Los pasos perdidos" de Alejo Carpentier, y de repente vi como mis venas se hinchaban. No le di mucha importancia, pero ahora me doy cuenta de que era mi primer mensaje de vuelta a casa.
Mi iniciación sexual fue insatisfactoria, ridícula y vergonzosa. ¿Qué se suponía que debía hacer? Nunca me había enamorado, mis tocamientos impuros eran meros escarceos de búsqueda de aventuras que una paja en sí misma, no sabía que hacer, además ella tampoco me daba muchas pistas. Montserrat se llamaba, tenía nombre de monte, y aunque era preciosa, mi animadversión hacia ella pudo más que mis ganas de sexo. Yo nací del iris de mi madre, ¿qué quería encima?
Mi primer análisis de sangre indicó lo que yo sospechaba: no estaba compuesto de plasma. Los médicos se miraban entre ellos buscando explicaciones racionales e inservibles para conocer en profundidad lo que realmente sucedía. No tenían ni idea, se limitaron a hacer fotos con mi analítica y a llamar a las televisiones.
Las televisiones fueron el empuje definitivo a mi escapada triunfal en silencio. Me llamaron para hacer una entrevista, y yo gustosamente fui, pero todo consistía en reírse de mí, con lo cual me escondí en un agujero, donde todo me importaba un bledo.
Al salir de mi ombligo-refugio, y ya no siendo el ómphalos del mundo, encontré mi lugar gracias a una postal. En ella aparecía un manantial de agua, junto con una montaña: Everest. Venga a Nepal, ponía en la postal, lo cual hizo que se me encharcara el corazón.
Sólo he tenido una pelea en mi vida. Fue con mi profesor de Geografía. Estaba hablando de los diques y eso me enfureció, así que decidí irme de clase, nadie entendía el porqué de mi marcha, pero cuando explicó que los diques que habían construído los hombres eran para ganarle terreno al agua, le pegué un puñetazo. No era lógico, pero, ¿acaso es lógico nacer del iris de tu madre? Pues eso.
Un día cuando ya tenía mi retiro físico decidido, hablé con mi madre y le expliqué mis dudas.
- Madre, me voy a Nepal, porque sé que pertenezco a ese sitio, lo sé, no soy normal, soy un hijo del agua, ahora lo entiendo.
- ¿Pero que me estás contando? -sollozó mi madre-. Tú le has dado a los porros.
- ¿Porros? Pero si se me encharcan los pulmones con el humo. No quiero estancarme en un sitio, ni que crezcan ranas en mi culo de no hacer nada, ni vivir lleno de comida congelada y de refritos salados. No quiero un cuerpo salado, como el Mar Muerto. Yo no soy el barro negro de los ríos que se queda a un lado, yo soy una persona única, soy un manantial, era virgen pero... (Montserrat tiene la culpa de que no lo sea, pero no se lo dije a mi madre), pero necesito estar en las montañas.
Así que como yo necesitaba estar en contacto con la naturaleza, ya que yo estaba hecho de agua y nací del iris de mi madre, decidí hacerme budista y vivir en una casita pequeña cerca del Everest, sentado en la falda de una montaña tomándome una Coca-Cola. Por fin encontré mi sitio, pero me sentía solo. Conocí a algunas personas que me ayudaron a vivir mi vida con absoluta paz, pero conocí a gente que vivía con intensidad la vida, y algunas veces me dejaba abrazar por ellas para sentirme todavía humano.
El día que me llegó la muerte yo estaba durmiendo. Se presentó en casa un lunes y me dijo: A las seis vengo a que te mueras. Yo le dije: Tengo que comprar comida, ¿no te viene bien otro día?.
Le invité a que entrara, se sentó, se puso unas gafas (hay que entender que la muerte lleva mucho camino recorrido, es mayor que Yoda, así que imagínate, un poco de respeto hay que tener).
- ¿Cuándo te viene bien?
- Este es un mes complicado, esperate a que venga la sequía o alguna plaga.
- Pero rapidito, que siempre pasa lo mismo, y tengo que traerme la guadaña. El mes que viene, sin falta, el primer domingo después de las rebajas voy a por tu vida.
- Me parece bien.
Así que no me preocupé por los gastos nunca más, me di una vuelta al mundo, y cuando volví a casa, estaba cansadísimo, y ahí fue cuando se me coló la muerte y se llevó la vida. Mi vida.
Ahora me dedico a jugar a las cartas y a danzar con la muerte, y aunque no tengo mucho ritmo, no se me da mal.
Fin.
Madrid- 2002.
Bloom-Withno
- Como hacía tiempo que no se me caía una lágrima, eso era premonitorio de que iba a tener un niño, no me venía una lágrima desde hace tiempo.
A mi padre no le sentó muy bien, puesto que consideraba que no había contribuido lo suficiente, y aunque no se le veía muy a gusto, me acogió como si fuera de su propio esperma, a fin de cuentas, mi madre le comentaba con socarronería que al fin y al cabo el niño salió de un líquido. Un poco bruta mi madre.
Mi familia me contemplaba como a un niño más nacido de forma normal, pesé tres kilos y seiscientos cincuenta gramos, no está mal para una lágrima. Aunque la estupefacción era grande, mi madre me contaba un cuento todas las noches para dormirme y que creó toda la concepción de mi universo.
- Mira, el mundo lo hizo Dios, y creó a los hombres, pero los hombres se portaron muy mal, y al ver esto Dios, se puso triste y empezó a llorar.Y de sus lágrimas salió el diluvio universal y se creó una nueva vida. Por eso tú eres un mandato divino.
No me bautizaron, puesto que el párroco no estaba seguro de que fuera un niño normal, a pesar de la insistencia de mi madre de que era por la gracia de Dios. Al que no le hizo gracia fue al párroco, que llamó a Roma para informarse, los cuales le tomaron a chifla y se mofaron de él, a pesar de los gritos de los cardenales por callar a los allí presentes.
Mi infancia no fue dura en exceso. No me interesaron nunca los libros de ciencias, ya que tanto las matemáticas y física me daban miedo, y la química me provocaba urticaria, posiblemente por las reacciones que se efectuaban, con lo cual me interesé por la lectura. Intenté leerme los libros antiguos, pero era alérgico al polvo, con lo cual intenté leer todo lo último de este siglo.
Un día me sucedió algo particular. Estaba leyendo "Los pasos perdidos" de Alejo Carpentier, y de repente vi como mis venas se hinchaban. No le di mucha importancia, pero ahora me doy cuenta de que era mi primer mensaje de vuelta a casa.
Mi iniciación sexual fue insatisfactoria, ridícula y vergonzosa. ¿Qué se suponía que debía hacer? Nunca me había enamorado, mis tocamientos impuros eran meros escarceos de búsqueda de aventuras que una paja en sí misma, no sabía que hacer, además ella tampoco me daba muchas pistas. Montserrat se llamaba, tenía nombre de monte, y aunque era preciosa, mi animadversión hacia ella pudo más que mis ganas de sexo. Yo nací del iris de mi madre, ¿qué quería encima?
Mi primer análisis de sangre indicó lo que yo sospechaba: no estaba compuesto de plasma. Los médicos se miraban entre ellos buscando explicaciones racionales e inservibles para conocer en profundidad lo que realmente sucedía. No tenían ni idea, se limitaron a hacer fotos con mi analítica y a llamar a las televisiones.
Las televisiones fueron el empuje definitivo a mi escapada triunfal en silencio. Me llamaron para hacer una entrevista, y yo gustosamente fui, pero todo consistía en reírse de mí, con lo cual me escondí en un agujero, donde todo me importaba un bledo.
Al salir de mi ombligo-refugio, y ya no siendo el ómphalos del mundo, encontré mi lugar gracias a una postal. En ella aparecía un manantial de agua, junto con una montaña: Everest. Venga a Nepal, ponía en la postal, lo cual hizo que se me encharcara el corazón.
Sólo he tenido una pelea en mi vida. Fue con mi profesor de Geografía. Estaba hablando de los diques y eso me enfureció, así que decidí irme de clase, nadie entendía el porqué de mi marcha, pero cuando explicó que los diques que habían construído los hombres eran para ganarle terreno al agua, le pegué un puñetazo. No era lógico, pero, ¿acaso es lógico nacer del iris de tu madre? Pues eso.
Un día cuando ya tenía mi retiro físico decidido, hablé con mi madre y le expliqué mis dudas.
- Madre, me voy a Nepal, porque sé que pertenezco a ese sitio, lo sé, no soy normal, soy un hijo del agua, ahora lo entiendo.
- ¿Pero que me estás contando? -sollozó mi madre-. Tú le has dado a los porros.
- ¿Porros? Pero si se me encharcan los pulmones con el humo. No quiero estancarme en un sitio, ni que crezcan ranas en mi culo de no hacer nada, ni vivir lleno de comida congelada y de refritos salados. No quiero un cuerpo salado, como el Mar Muerto. Yo no soy el barro negro de los ríos que se queda a un lado, yo soy una persona única, soy un manantial, era virgen pero... (Montserrat tiene la culpa de que no lo sea, pero no se lo dije a mi madre), pero necesito estar en las montañas.
Así que como yo necesitaba estar en contacto con la naturaleza, ya que yo estaba hecho de agua y nací del iris de mi madre, decidí hacerme budista y vivir en una casita pequeña cerca del Everest, sentado en la falda de una montaña tomándome una Coca-Cola. Por fin encontré mi sitio, pero me sentía solo. Conocí a algunas personas que me ayudaron a vivir mi vida con absoluta paz, pero conocí a gente que vivía con intensidad la vida, y algunas veces me dejaba abrazar por ellas para sentirme todavía humano.
El día que me llegó la muerte yo estaba durmiendo. Se presentó en casa un lunes y me dijo: A las seis vengo a que te mueras. Yo le dije: Tengo que comprar comida, ¿no te viene bien otro día?.
Le invité a que entrara, se sentó, se puso unas gafas (hay que entender que la muerte lleva mucho camino recorrido, es mayor que Yoda, así que imagínate, un poco de respeto hay que tener).
- ¿Cuándo te viene bien?
- Este es un mes complicado, esperate a que venga la sequía o alguna plaga.
- Pero rapidito, que siempre pasa lo mismo, y tengo que traerme la guadaña. El mes que viene, sin falta, el primer domingo después de las rebajas voy a por tu vida.
- Me parece bien.
Así que no me preocupé por los gastos nunca más, me di una vuelta al mundo, y cuando volví a casa, estaba cansadísimo, y ahí fue cuando se me coló la muerte y se llevó la vida. Mi vida.
Ahora me dedico a jugar a las cartas y a danzar con la muerte, y aunque no tengo mucho ritmo, no se me da mal.
Fin.
Madrid- 2002.
Bloom-Withno
miércoles, 8 de junio de 2011
Realizarse
"Live Together, Die Alone" (Frase extraída de la serie "Lost")
Dice una mujer sabia que conozco que hemos venido a este mundo a sufir. Yo siempre suelo decir que lo que mejor se me da en este mundo es hacer feliz a la gente. No feliz en el sentido de proporcionar un estado de felicidad duradero y pleno, pero si en el modo de levantar el ánimo a la otra persona, no dejarla a la deriva de esta vida infausta. Soy una persona abnegada, lo reconozco. La rabia mueve, también lo asumo. Cuando mi fuerza de voluntad se ha visto resquebrajada (algo por otra parte imposible hace un tiempo), la autocrítica me ha hecho convertirme (o en proceso de) en un ser que se conoce más a sí mismo (ya sabéis: "Conócete a ti mismo", "Nada en demasía". Si no sabéis de qué estoy hablando, buscad en Google, aunque...), y en esta espiral de voluntades y buenas intenciones de cara al futuro, nunca quiero estar solo.
Siempre se me ha dado bien ayudar a la gente, o eso creo. Darles otro punto de vista, relativizar, desdramatizar, que se olviden de sus problemas, que sean felices por unos instantes.
Hoy no quería comentar nada trascendente, solo compartir con vosotros lo feliz que me siento cuando una persona dice que se siente bien y que yo he podido colaborar a ese estado. En estos tiempos de zozobra donde todo el mundo está harto, donde nadie cree en nadie, no está mal recordar que si tenemos abnegación y un poco de fe en el ser humano, podemos cambiar este mundo y lo que nos rodea. Empezando por los que tenemos al lado, tus amigos, tu familia. Hacer feliz a la gente satisface más que mil millones o mil amantes. No dejéis nunca la oportunidad de hacer feliz a la gente.
Bloom-Withno
Dice una mujer sabia que conozco que hemos venido a este mundo a sufir. Yo siempre suelo decir que lo que mejor se me da en este mundo es hacer feliz a la gente. No feliz en el sentido de proporcionar un estado de felicidad duradero y pleno, pero si en el modo de levantar el ánimo a la otra persona, no dejarla a la deriva de esta vida infausta. Soy una persona abnegada, lo reconozco. La rabia mueve, también lo asumo. Cuando mi fuerza de voluntad se ha visto resquebrajada (algo por otra parte imposible hace un tiempo), la autocrítica me ha hecho convertirme (o en proceso de) en un ser que se conoce más a sí mismo (ya sabéis: "Conócete a ti mismo", "Nada en demasía". Si no sabéis de qué estoy hablando, buscad en Google, aunque...), y en esta espiral de voluntades y buenas intenciones de cara al futuro, nunca quiero estar solo.
Siempre se me ha dado bien ayudar a la gente, o eso creo. Darles otro punto de vista, relativizar, desdramatizar, que se olviden de sus problemas, que sean felices por unos instantes.
Hoy no quería comentar nada trascendente, solo compartir con vosotros lo feliz que me siento cuando una persona dice que se siente bien y que yo he podido colaborar a ese estado. En estos tiempos de zozobra donde todo el mundo está harto, donde nadie cree en nadie, no está mal recordar que si tenemos abnegación y un poco de fe en el ser humano, podemos cambiar este mundo y lo que nos rodea. Empezando por los que tenemos al lado, tus amigos, tu familia. Hacer feliz a la gente satisface más que mil millones o mil amantes. No dejéis nunca la oportunidad de hacer feliz a la gente.
Bloom-Withno
sábado, 28 de mayo de 2011
Dos bancos de piedra (Una historia real)
En el camino que separa mi casa de la de mis amigos, hay una Casa de Socorro. Nunca entendimos ese nombre, nos sonaba raro. Esa Casa de Socorro tenía un porche amplio adoquinado, con una rampa para minusvalidos, unas pequeñas escaleras, y un espacio amplio donde el padre de mis amigos aparcaba su coche. Todos los días, cuando subía la cuesta para llamar a mis amigos, pasaba por delante de esa Casa de Socorro. Y de dos bancos de piedra que la custodiaban.
Mis amigos bajaban y nos íbamos a una pista a jugar al fútbol, o al baloncesto, robar chuches, sentarnos en los bancos, intentar beber agua de una fuente que sólo duraba el primer día de verano, o hablar en los columpios sin hacer nada. Después de eso, tocaba merendar.
Normalmente comíamos algo por allí, pero cuando volvíamos del parque, abandonaba a mis amigos en su casa y bajaba la cuesta. Y volvía a ver el coche de su padre. Y los dos bancos de piedra.
No recuerdo la primera vez que me senté en ellos. Seguramente sería un domingo después de jugar al fútbol con una coca cola en la mano y un balón en los pies, o mirando el coche de mis amigos (donde una vez nos metimos quince personas), o alguna vez pegando pases con ellos, que me la devolvían siempre al pie.
Esos bancos eran parte de mi infancia, y cada día los saludaba, los miraba, procuraba cuidarlos, miraba mal a los que se sentaban en ellos, y formaban parte de mí como de mis pulmones. Eran nuestros bancos.
Cosas de la vida (malas, como siempre), hicieron que me distanciara de mis amigos, amén de mudarme de casa. Cosas de la vida (buenas, que también las hay) los volví a encontrar años después forjando una amistad más fuerte si cabe.
Asi que un día fui a buscarles a su casa. Allí estaba la cuesta, y a la derecha... a la derecha...
A la derecha había una verja negra, de metal, que me impedía mirar la Casa de Socorro en toda su dimensión, una sucia verja que me alejaba de mi infancia. No había coche que guardar, ni rampa que ver, ni bancos donde sentarse. Habían tomado los bancos. ¡Nuestros bancos!
Maldije muchas veces (hoy todavía lo hago) esa verja que me privó de mis recuerdos, donde era feliz, sin preocupaciones, junto a mis amigos.
Lo bancos me miran, me gritan "¿Por qué no nos ayudas?" "¡Sácanos de aquí!". Y ellos no pueden entender que mi corazón se rompe cada vez que los veo.
Bloom-Withno
Mis amigos bajaban y nos íbamos a una pista a jugar al fútbol, o al baloncesto, robar chuches, sentarnos en los bancos, intentar beber agua de una fuente que sólo duraba el primer día de verano, o hablar en los columpios sin hacer nada. Después de eso, tocaba merendar.
Normalmente comíamos algo por allí, pero cuando volvíamos del parque, abandonaba a mis amigos en su casa y bajaba la cuesta. Y volvía a ver el coche de su padre. Y los dos bancos de piedra.
No recuerdo la primera vez que me senté en ellos. Seguramente sería un domingo después de jugar al fútbol con una coca cola en la mano y un balón en los pies, o mirando el coche de mis amigos (donde una vez nos metimos quince personas), o alguna vez pegando pases con ellos, que me la devolvían siempre al pie.
Esos bancos eran parte de mi infancia, y cada día los saludaba, los miraba, procuraba cuidarlos, miraba mal a los que se sentaban en ellos, y formaban parte de mí como de mis pulmones. Eran nuestros bancos.
Cosas de la vida (malas, como siempre), hicieron que me distanciara de mis amigos, amén de mudarme de casa. Cosas de la vida (buenas, que también las hay) los volví a encontrar años después forjando una amistad más fuerte si cabe.
Asi que un día fui a buscarles a su casa. Allí estaba la cuesta, y a la derecha... a la derecha...
A la derecha había una verja negra, de metal, que me impedía mirar la Casa de Socorro en toda su dimensión, una sucia verja que me alejaba de mi infancia. No había coche que guardar, ni rampa que ver, ni bancos donde sentarse. Habían tomado los bancos. ¡Nuestros bancos!
Maldije muchas veces (hoy todavía lo hago) esa verja que me privó de mis recuerdos, donde era feliz, sin preocupaciones, junto a mis amigos.
Lo bancos me miran, me gritan "¿Por qué no nos ayudas?" "¡Sácanos de aquí!". Y ellos no pueden entender que mi corazón se rompe cada vez que los veo.
Bloom-Withno
miércoles, 11 de mayo de 2011
Miedo
No voy a tener miedo nunca más. No pienso dejar que el miedo se apodere de mi persona, me convierta en un ser inerte e inofensivo, con mirada de cordero degollado camino del matadero. Miedo. No vas a poder conmigo.
Tan sencillo decirlo, tan complicado hacerlo. Pero, ¿por qué no? Superarlo, llegar más allá, trascender. Superar lo que tu propia persona ha sido para crear algo más alto, más fuerte, para llegar más lejos. Una perfecta máquina de autocontrol y disciplina, capaz de conocerse a sí mismo y garante de una única e inexorable verdad: Todo depende de ti.
El ayer no existe. Todo lo que hubo en otro tiempo se esfumó, olvidado entre los recuerdos. La única manera de salir vivo es avanzar, seguir, no desfallecer. El camino es largo, pero la recompensa será eterna...
Bloom-Withno
Tan sencillo decirlo, tan complicado hacerlo. Pero, ¿por qué no? Superarlo, llegar más allá, trascender. Superar lo que tu propia persona ha sido para crear algo más alto, más fuerte, para llegar más lejos. Una perfecta máquina de autocontrol y disciplina, capaz de conocerse a sí mismo y garante de una única e inexorable verdad: Todo depende de ti.
El ayer no existe. Todo lo que hubo en otro tiempo se esfumó, olvidado entre los recuerdos. La única manera de salir vivo es avanzar, seguir, no desfallecer. El camino es largo, pero la recompensa será eterna...
Bloom-Withno
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