sábado, 28 de noviembre de 2015

Sorpresas te da la vida

"Somos lo que somos 
Somos lo que vemos
Somos lo que oímos
Somos lo que rueda
Somos lo que anda y va
No quiero ná de ti"
(Letra extraída de la canción "Ná de ti" de Macaco)

Basten estas palabras del anteriormente grupo decente llamado Macaco para explicar algunas cosas que tiene la vida y que uno, no por ser la primera vez, sigue sorprendiéndose. Porque aunque, con nuestra maldita rutina diaria, nos seguimos soprendiendo.
Sorprende la necedad diaria del que no ve más allá de su propio ombligo. Sorprende, eso sí, algo menos, su desventura para con el prójimo. Como si en su atalaya que todo lo juzgara se sintiese cómodo.
Sorprende y a veces hasta con sorna el garrulismo propio de demasiada gente. Nadie con dos dedos de frente se puede sentir superior a nadie, pero clama al cielo la estulticia de demasiada gente. Quizá haya un porcentaje parecido de gilipollas y sabios en el mundo y vayan fluctuando, quien sabe.
Sorprende que sorprenda esperar algo de alguien. Hay gente que vive en otra galaxia.
Sorprende el que todavía haya buena gente en este condenado planeta. Sorprende que todavía haya pobreza, sorprende incluso mostrar sentimientos. Hasta ese punto ha llegado nuestro cinismo, se supone que la insensibilidad demuestra fortaleza.
Sorprende la falta de autoestima, la falta de palabras tiernas, las palabras de amor, de cariño, de afecto. Sorprende incluso que haya gente que siga esperando. Y esperando.
Sorprende todavía la ingenuidad del enamorado que se cree correspondido. Sorprende la falta de autoestima de la chica que se rebela contra el mundo por su soledad.

Solo tienen que pararse en un banco de un parque y verles pasar. Sus miedos, sus dudas.
Quizá hasta os veáis a vosotros mismos.

martes, 15 de septiembre de 2015

El gris Septiembre

"Me has alterado poniéndote a mi lado
Yo que vivía tan feliz en un tejado"

(Letra extraída de la canción "Sol de Invierno" del grupo Extremoduro)

Pues qué quieren que les diga, no sé si alterado o no, pero todo tiene un aspecto de noche, ¿no les parece? Como si Septiembre fuera un mes de eterna nocturnidad a plena luz del día, como si los grises dominaran todo, como si cada lluvia recordara que los adoquines que pisamos son una simple secuencia por la que nunca dejamos de andar.

Intentamos cuadrar todo hasta que todo salta por los aires. Mientras, hacemos cálculos. Esperar, esperar... pensar, repensar... y así, hasta que todo llega. Pero hasta que llega, ¡Lo que hay que pasar!

Ya no hay noches a la luz de las estrellas donde sentirse seguro, decimos adiós a los claros que se abrían y nos permitían soñar. El aire se vuelve plomizo y las sienes nos duelen, como si tuviéramos una incapacidad para ser felices en Septiembre.

Septiembre no es mes de melancolías, como lo es Abril, ni mucho menos de funeral, como es Noviembre. Septiembre simplemente te atropella poniendo las calles donde antes solo había caminos de tierra, te pone zapatos donde los pies andaban lozanos y sueltos, te coloca un traje para que vuelvas a recordar que la hora del recreo se acaba.

Septiembre refunfuña porque no le gusta ser el mes serio, aquel que ponga orden a tu vida. También es alegre y risueño a su modo, pero nadie le entiende. Pobre Septiembre. Le gustaría a veces ser un Agosto de amores fugares y corazones palpitantes, o un Diciembre familiar cubierto de nieve, pero él es un incomprendido necesario para que los grandes momentos de nuestra vida ocurran gracias a su aguante estoico de mes plomizo.

Septiembre me disgusta y agrada a la vez. Anticipa el otoño y trae una alegría muy distorsianada en la que me siento seguro, pero conlleva lloros de las nubes que agudizan mi tristeza.

Pero no desesperes, Septiembre. Nadie te olvida. Por algo será...

lunes, 27 de julio de 2015

Mindfulness/Nunca es tarde

Así es cómo lo vamos a hacer y así es cómo debes enfrentarte a esto. Todo lo demás, es añadido.

El despertador suena, pero tú ya estás despierto. Te vistes, desayunas y sales por la puerta de tu casa concentrado en lo que debes hacer. Caminas por la calle y eres absolutamente consciente de todo, más erguido, cabeza alta, entendiendo lo que te rodea, formando uno con el medio. Energía que fluye alrededor tuya. Inconscientemente elevas la palma de la mano y cierras el puño violentamente como si dominaras el viento que surge a tu paso.

Pero quizá... quizá lo domines.

Caminas, decíamos, pero la sensación es la misma cuando entras a un establecimiento, coges un autobús o te subes a un coche. Tu cabeza está alineada con tu corazón, te sientes sereno y tranquilo, sabiendo que tienes un propósito y una misión que cumplir: vivir.

Tienes una energía que liberar pues al mantenerla dentro de tu cuerpo se emponzoña. Y necesitas inundarlo todo. Desbordar todo lo que tienes es todo lo que puedes hacer para sentirte tú, para sentirte pleno, para poder entender quién eres y qué haces aquí, pues todo lo demás es añadido.

En ese torrente irrespirable donde tú eres el maestro que mueve los hilos, en ese caos que tú domas con la concentración y la inconsciencia necesaria para ser feliz, donde todo baila al son que tú marcas, donde nada puede hacerse sin tu consentimiento, donde todo estTALLA PUES TIENE QUE ESTALLAR PORQUE ASÍ HA DE SER Y NADIE MÁS PUEDE DECIRTE LO QUE DEBES O NO DEBES HACER, Y ASÍ SER TU PROPIO MAESTRO Y BRILLAR COMO LAS ESTRELLAS LO HACEN EN EL CIELO

POR ESO!!! Por eso...

Por esos segundos donde te recompones mientras tu mirada tiende al infinito, comisura de los labios seca, la garganta desbocada mientras el corazón palpita. Donde tu consciencia de la situación lo es todo. Donde has dicho adiós al pasado.

No merece la pena odiar lo sucedido, no merece la pena llevar fardos pesados a la espalda en forma de desengaño o desprecio. Tú eres más que todo eso, más que todos esos. Adiós a los armazones que constituían tu existencia, limpia el óxido de tus huesos, vuelve a ser quien se supone que eras.

Nunca es tarde para empezar de nuevo.
Nunca es tarde para decir lo siento.
Nunca es tarde para sentirse vivo.
Nunca es tarde para saber, si se sabe, que todo tiene sentido.

Bloom-Withno

sábado, 25 de julio de 2015

El niño que llevas dentro

"Somos el tiempo que nos queda, la vieja búsqueda, la nueva prueba.
Yo tampoco sé vivir, estoy improvisando"
(letra extraída de la canción "Vivir para contarlo" del grupo "Violadores del Verso")

Es complicado intentar llegar a entender por qué somos como somos. Qué nos mueve a hacer, o en algunos casos, a no hacer, según qué cosas. Tomar conciencia es un ejercicio tan exhausto como no obrar en consecuencia.
Por dónde empezar, por dónde intentar encontrar un discurso coherente que articule una sucesión de palabras. Cómo decir algo que merezca la pena decir. De todo eso es lo que se supone que uno debe escribir cuando aporrea el teclado.
Con el tiempo, uno traduce su rabia en incorformismo y nunca olvida al niño que lleva dentro (cómo pudiera, si con solo verse reflejado lo nota en cada espejo) y lo alimenta de recuerdos y sueños por hacer.
Pero hay gente que ha olvidado a sus niños, gente que tiene a angelicales personitas olvidadas en el más oscuro rincón de su alma por miedo a que les hagan daño, ignorando que justamente es eso lo que ellos hacen.
No existe nada bueno en pretender ser lo que no se es. Madurar no es ponerse corazas, eso no es cierto. Madurar es saber encontrar la virtud sin perder la perspectiva, nunca relegando a un segundo plano una fuerza de la naturaleza que llevas dentro.
Tu niño gordo quiere comer y debes alimentarle.
Puede que sean gordos, famélicos, feas, bonitas, con cicatrices en las muñecas, tuertos, cojos, o como quieran que sean, pero forman parte de ti y debes hacerlos brotar de tu interior. No existe fealdad en una sonrisa noble, ni el más profundo miedo en el puro odio. Hay que mirarlos como al enemigo que se planta ante ti y con respeto sabes que se merece ser tu igual, pues es casi una parte de ti.
En este mundo lleno de ruido y prisas donde cada uno secuencia su vida en función de la programación que toca hoy es casi ridículo pararse a pensar, reír, o incluso llorar. Y eso, es muy triste.
Dejen a sus niños salir, déjenles jugar. Olviden sus corazas, abran la puerta y permitan que la vida reciba lo que todos vosotros lleváis dentro, con vuestros miedos, vuestros anhelos, vuestra confianza.
Permítanles salir.
Sean niños.
Y olviden la brea del día a día.
Haganlo. Ya.
Salgan.
Mañana será tarde.

Bloom-Withno

jueves, 11 de junio de 2015

El hombre que vas a ser

"Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada"
 (Timo Cruz en "Coach Carter")

"Madre de, esposa de, imagen ajena, espejo que proyecta mi invisibilidad. Voy gritar ¡MUJER! voy a vivir por mi misma"
 (Letra extraída de la canción "Línea de Fuga" del grupo Hechos contra el decoro)

Hay momentos que se tornan cruciales en tu vida y es algo que no puedes explicar con palabras pero que notas en tu cuerpo. La energía fluye aquellos días en los que notas que el momento llega, que la vida, por extraña que parezca, te ofrece oportunidades que debes saber ver. Esa capacidad de abrirse a lo desconocido con el corazón y la cabeza limpias, con la curiosidad por bandera y sin miedo a lo que pueda venir es lo que te permite avanzar, como hace millones de años permitió a seres humanos vivir en cuevas, buscar asentamientos o descubrir el fuego.

Pero la mayoría de las veces tú mismo te boicoteas tus propias oportunidades. Qué digo, salvo contadas excepciones, siempre eres tú el que pone trabas a tus sueños. Por la sencilla razón de que no crees que puedas alcanzarlos, que tu seguridad se tambalea cuando no eres consciente justamente que tu seguridad consiste en no estar seguro nunca.

Eres la fuerza proteica del Universo, te lo dije una vez, y hoy te lo repito. Eres la luz que alimenta estrellas y no al revés. Eres poderoso, un guerrero que debe alimentar su alma para que pueda expresarse de todas las maneras posibles.

Pero tienes miedo, lógico. Solo aceptando que el miedo solo es un obstáculo que tú mismo te has impuesto, que tu energía debe fluir en todas las direcciones y caminos, llenando de vitalidad todo lo que toca, cuando descubres que la felicidad está en los pasos que recorres mientras buscas la felicidad, entonces es cuando empiezas a vivir.

Tienes miedo a convertirte en lo que puedes ser hasta que, cojones, dejas de tener miedo. Y una silueta aparece en tu cabeza, proyectando el hombre en el que te vas a convertir. La excitación crece, las pulsaciones se agitan, la emoción se desborda. Sabes quien puedes ser y, ahora sí, sabes lo que quieres ser.

El mundo se prepara para un hombre nuevo. Un hombre capaz de ser más completo y más sabio en el camino que le toca andar. Un hombre con una fuerza tal que ni la naturaleza podrá frenarlo.

Lo tienes en ti.
Siempre lo has tenido en tí.
Aliméntalo.
Deja que el guerrero
salga

Bloom-Withno

lunes, 1 de junio de 2015

Una musa en mi cabeza

Uno siempre tiene una musa en la cabeza a la que escribe. Esto lo sabían los griegos, y antes de los griegos los corintios, y antes de los corintios los egipcios y cualquier otro ser que no pueda reprimir las ganas de escribir.

Escribir mientras sangras, apretando los dientes y los puños, pelándote la piel de los nudillos en cada letra que estrujas contra el tejado, hundiendo la falange hasta que todo chirría, pues no hay otra forma de escribir. Escribir a lo crudo, escribir a lo seco. Como un viento cortante, como una navaja de afeitar en el que cada lijazo por el cuello es un tiro al aire.

Pero hay otros días en los que uno no puede ser tan intenso. Admitámoslo, ser "demasiado intenso" borra de un plumazo el concepto de intensidad y eso además satura a cualquiera que se pare por la calle a hablar con uno. No, la gente no quiere gente intensa. A veces, alguna gente no quiere ni gente.

Otros días es mucho más entretenido jugar con el lenguaje, modificarlo, retorcerlo, darle mil vueltas hasta que nuevas palabras flotan, surgen y brillan en todo su esplendor, como cuando un niño pequeño sonríe mientras tiene un juguete en su mano y el sol saluda a su paso. Una tierna manera de recordar el calor de los que están vivos y a los que el futuro pertenece.

En realidad todo es cuestión de colores. Solo tienes que elegir uno. ¿Quieres ser un negro que inunde todo, quizá un rojo tan incandescente que te hiera solo con verlo? ¿Qué eres? ¿Quién quieres ser? Puedes ser todos o ninguno, pero siempre habrá uno que te identifique. Tener un azul bonito que transmita calma allá por donde vayas o un morado que nunca olvida lo puta que es la vida. Quizá un verde que llene de vida todo lo que te rodea, qué se yo. Colores...

No se puede tener siempre pena por todo ni alegría en cada gesto, pero puedes intentarlo. Puedes remover cielo y tierra pensando en qué sucederá mañana y solo lo sabrás a ciencia cierta hasta que lo hagas. Puedes engañar a todos menos a ti mismo. Puedes amar a todos menos a ti mismo también. Simplemente puedes hacerlo. Porque poder hacer es lo que te permite avanzar y ser mejor que ayer.

Amarás a hombres y mujeres y los odiarás también. Te descerrajarán el corazón con un olvido, ignorándote, desapareciendo de tu vida dejando una marca indeleble que dolerá para siempre. Pero también habrá gente que te permtirá creerte inmortal, gente buena que puebla esta tierra y a la que solo tienes que identificar. Nunca lo olvides, nunca.

La pregunta es sencilla: ¿Ahora qué? No sé vosotros, pero la sonrisa nunca abandona mi gesto... Que dure, mientras hayan musas que me guíen...

lunes, 2 de marzo de 2015

Hijos de Holden Caulfield

Caminas por la calle con la misma mirada que Neo al final de la primera película de "Matrix". Les miras, ves sus sonrisas relajadas, su despreocupación hacia lo que sucede, sus templadas vidas donde todo son dramas a peseta. Si supieran la realidad...

La realidad es que hay una proyección profunda en todo lo que pasa en el mundo que excede tu corta vista. A ti no te pesa el alma, como a mí. Tú no eres capaz de percibir y sentir todo lo que rodea este condenado mundo. No entiendes las ecuaciones que tiene esta vida tan intricanda que superpone planos y emite lecturas que tú no eres capaz de entender.
No se trata de complejidad, quizá sea solo cirugía. Un poco más de córtex prefontal ayudaría a ver lo que veo yo. O quizá no, quizá serías igual de incapaz, con tu autómata vida, creyendo que eres libre para elegir incluso los polvos que puedes echar esta noche. Como si tú fueras libre de algún modo.
No sabes lo terriblemente pesado que es darte cuenta de tu falta de libertad, del jodido mundo en el que vives, de cómo duele vivir. De lo terriblemente duro que es conocerse a uno mismo, tus dudas, tus inseguridades, donde habitan las mayores ternuras que tu cuerpo puede albergar. Donde tu fragilidad se expone al roce de una llama para que todo salte por los aires, a manos ensangrentadas delante de un teclado que escupe sin parar palabras sinceras.
Es un horror conocerse tanto, sentirse siempre. Como un fardo pesado que cargar durante toda la vida, como esas pequeñas piedras que los muertos prematuros llevan en la margen oeste de la Laguna Estigia a lo largo de toda la eternidad. Un agujero que tu alma no puede rellenar ni con la mayor de las drogas, una pesarosa pero inocua gravilla que atonta tu cerebro y satura tus conexiones neuronales.

Uno ya no se pregunta dónde volarán los patos en invierno, pero es terriblemente duro saber que siempre serás el guardián entre el centeno. El eslabón necesario para que todo funcione bien y vuestro mundo continúe. Donde la gloria está reservada para otros, donde nadie premiará tu esfuerzo por encontrar el equilibrio. Como el pueblo que resiste al duro invierno en Asgard, tu sacrificio nunca será recompensado.

Lo triste de todo esto es que él no pide recompensa. ¿Cómo debiera, si solo hace lo que tiene que hacer? ¿Qué recompensa hay en hacer las cosas bien? ¿Por qué esperar nada de nadie por el simple hecho de hacer lo que toca?

Otro día más el sol alumbrará su cara y él continuará con su habitual tarea de mantenimiento y orden, donde todo debe estar en su lugar oportuno para que las demás personas puedan continuar con sus vidas. Todos quisimos ser Jay Gatsby y muchos acabaron en Gregorio Samsa. Quién, en su sano juicio, querría ser Holden Caulfield...

Bloom-Withno