viernes, 5 de febrero de 2016

Un Invierno en Madrid

"Madrid es como el Sáhara, un camello por persona"
(Frase extraída de la canción "Falsa sensación de calma" del grupo Duo Kie"

Madrid es una ciudad con más de un millón de aristas. Cada esquina es un desafío, cada calle, un recorrido. Perderse en las calles de Madrid en invierno es conversar contigo mismo durante horas interminables al calor de un buen café que te recuerda quién eres cuando llegas a casa.
Madrid es acogedora con la gente de otras ciudades, pero su abrazo no es cálido. Madrid es una ciudad donde cualquier pensamiento nocivo te pasa factura. Una noche en un invierno en Madrid son años de vida. Prueben a pasar una noche deambulando por sus calles, encontrarán de todo, de lo más variopinto, gente yendo de un lado a otro, cantando, riendo...

Pero asegúrense, cuando vengan a un invierno en Madrid, de que en casa hay algo que les espera.

Madrid es terriblemente fría y cruel con la desdicha, con su soledad que no empatiza, con la melancolía que hiende y hiere a todo aquel viandante incauto. Madrid es una ciudad muy puta si no la conoces. Si no sabes que cada camino que surge en cada cambio de dirección en tu recorrido puede llevar al cielo o al infierno. Donde los hálitos de vida son suspiros al calor de una reunión de amigos mientras fuera el viento golpea los ventanales. Nadie pasa por Madrid sin una cicatriz.

Madrid es una rosa de espinas, preciosa a la vista pero quirúrgica al tacto. Te mantiene alerta su trasiego de café, periódico y vaho en las cafeterías, ese cielo plomizo, gris, que acoge a contrapié al desprevenido. Madrid es una ciudad única, y ese es su encanto. Y quizá, su propia muerte.

Madrid no deja indiferente a nadie. Es el cielo y el infierno. Solo de ti depende. Un invierno en Madrid, acérquense. La entrada solo cuesta la razón...

lunes, 21 de diciembre de 2015

Lascivia

A la que despuntaba el alba la boca tocaba otra boca. Otro mundo, otra época quizá, dos cuerpos alejados del espacio-tiempo que se buscaban y se perdían en una telaraña de brazos y piernas, rebuscándose el alma en cada contacto, suave, áspero, dulce, que hacía remover al otro en cada poro de su piel.
El alba despuntaba, decíamos, y las sábanas eran testigos de un maremoto. La atmósfera, a cada rato viciada, no dejaba dudas a lo sucedido en la habitación. Pequeñas y finas líneas iban y venían en el liviano aire entremezclado con anhelos y suspiros.
El frío que vivía en las esquinas dejaba paso a un centelleante ardor en el centro de la estancia. Un vívido recuerdo de llamas que intentaban buscar las últimas bocanadas de oxígeno.
Una lucha de gigantes hercúleos que pelean a golpe de sable y redes, forcejeando, retorciéndose, evitando ser vencidos, dejándose hacer, forzando el empate, suplicando la derrota y robando en el útlimo minuto la ventaja a su oponente. Marcas de dedos, pieles rosáceas (cuando no rojas), blanco nácar de mármol etéreo.

Unas mejillas sonrosadas. Un retorcimiento de placer, un alma satisfecha. Una mañana fría de invierno donde el café está a punto de hacerse. Un estallido de júbilo en la ducha. Un sentido a que todo cuadre.

Un no olvidar que somos humanos. Recordar que los dioses nos envidian.

Bloom-Withno

lunes, 14 de diciembre de 2015

Peraltes

"No creas que estoy huyendo
si me ves retroceder, espera,
que estoy cogiendo carrera" 

(Letra extraída de la canción "Pedrá" del grupo Extremoduro)

"Dos opciones ahora se presentan: 
te dejas llevar o te frenas. 
Te puedes hundir en la pena o puedes luchar contra ella."

(Letra extraída de la canción "El Mundo sigue girando" de El Chojin) 

Lo que no te mata te hace más fuerte. Bicho malo nunca muere. Cosas de esas... Cosas de esas que tienen razón, pues todo es cuestión de perspectiva.
Seamos perspectivos, por una vez en nuestra vida, intentemos ver cómo fluye ese río que va a dar la mar que es la vida que has vivido. Está bien salirse del camino marcado, pero... ¿te has salido de tu propio camino?
La vida son experiencias y cada experiencia tiene un peralte. Como un skater dibujando la curva para salir más rápido que como entró. Puedes impulsarte. Puede salir más sabio. Puedes proyectarte. Puedes decirle al cielo que el sol no es capaz de dejarte ciego cuando lo miras, que todo en este mundo gira en torno a ti. Puedes ser el verdadero hombre de Vitrubio. Puedes.
Y debes. Debes ser ese hombre o mujer que entiende la velocidad de la vida, aquel que coge el toro por los cuernos, el que sonríe donde los demás notan angustia, el que mira a los ojos a la vida y dice "¿eso es lo mejor que puedes hacer?"

La vida no son sino peraltes, aquellos que coges en la ola de tu vida y deben llevarte a otro lugar con el aprendizaje adquirido. Eso debe ser. Pero a veces...
 Pero a veces no entiendes la velocidad de la vida ni sus señales, demasiado rápido o demasiado lento, una curva que no llega o se pasa, un segundo de duda, un resquicio por donde se cuela lo futil y donde te caes con todo el equipo. Una vida donde no has aprendido nada.
Somos parte de las estrellas. Poder alcanzarlas es cuestión de voluntad. Y de leer señales. Y tú, ¿eso es lo mejor que puedes hacer?

Bloom-Withno

viernes, 11 de diciembre de 2015

Quirúrgico

Como un bisturí que rasga la piel en dos, ejecutando una diagonal perfecta. Como un siete en el pantalón al levantarte de la mesa. Como una carrera en una media nada más estrenarla. Como Leo Messi corriendo hacia portería contraria.

Como algo aséptico, blanco, desinfectado. Como algo donde los sentimientos se quedan en la puerta. Como si todo olor obligara a poner cara extraña. Como si el algodón no engañara.

Como un martini en Saint Tropez. Como un masaje relajante tras una dura jornada de trabajo. Como un baño de sales y burbujas burbujeantes en el baño de un hotel de cinco estrellas. Como el cigarro de después. Como ese agua que bebe el sediento. Como acabar lo planificado tres días antes. Como despertarte y ver en el despertador que quedan cuatro horas para el toque de queda.

Preciso, punzante, afilado, fino, sincero, desafiante. Como un periscopio que emerge de entre las profundidades. Silencio, sibilino,frío, subrepticio, indetectable. Como el amor cuando no es correspondido.

Como un pastoral de luces que brillan sin cesar a cada paso que damos. Como un suspiro frío una noche de Diciembre donde te dejaron o dejaste, donde ganaste o perdiste, donde lloraste o reíste, donde moriste o viviste, donde todo dejó de tener sentido o todo cuadró primera vez.

Tu frialdad y precisión quirúrgica para discernir lo que ha pasado, pasa o pasará, el momento de tu vida donde todo se mira con perspectiva. Donde corres hacia portería contraria, donde haces carreras en las medias, donde dibujas sietes en los pantalones, donde rasgas la piel en dos.

Bloom-Withno

viernes, 4 de diciembre de 2015

Significarte

"Ineluctable modalidad de lo visible: al menos eso si no más, pensado con los ojos "- Stephen Dedalus en el inicio del capítulo 3 del "Ulises" de James Joyce

Significarte, esa palabra que casi nunca nadie emite por su boca. Una palabra que va implícitamente anterior a "políticamente", pues nadie dice significarte cuando alude a otro tipo de cosas, usando vocablos mucho más acertados como "sincerarse" cuando alguien va a decir algo que va a tocar las narices al receptor del mensaje,o "posicionarse", como queriendo decir que estás geopolíticamente en una esfera distinta al resto.
En realidad, lo que signifique significarte es insignificante. Son solo palabras casi obsoletas que demuestran poco o nada, tales como "persignarse", "genuflexión" o "procrastinar". ¿A quién puede importarle tales palabras?
O quizá, significarte implica dos vocablos: significa y arte. A lo mejor significarte significa arte, y el arte es mucho. El arte, decíamos. Pero no de frío. Helarte es otra cosa. Aunque no hay nada como el arte para dejarte helado, aterido, henchido, hinchado, pasmado o boquiabierto cual síndrome de Stendhal viviente. Como un gozo, un goce, un gozne o un gofre caliente. Como Joffrey, como Yogui, como esos personajes que aparecen por tu vida de soslayo, casi sin rozarte.
Soslayo. Solsticio. Lacayo. Armisticio. Y así, la vida entera...
Signifique significarte lo que quiera Dios que signifique, poco importa. Y ya saben que la importancia importa en función de quien lo refuta o lo niega, pues poco más podemos saber de esta vida, quizá perra, en función inconexa de lo que uno quiere o lo que uno
Desea

Bloom-Withno

sábado, 28 de noviembre de 2015

Sorpresas te da la vida

"Somos lo que somos 
Somos lo que vemos
Somos lo que oímos
Somos lo que rueda
Somos lo que anda y va
No quiero ná de ti"
(Letra extraída de la canción "Ná de ti" de Macaco)

Basten estas palabras del anteriormente grupo decente llamado Macaco para explicar algunas cosas que tiene la vida y que uno, no por ser la primera vez, sigue sorprendiéndose. Porque aunque, con nuestra maldita rutina diaria, nos seguimos soprendiendo.
Sorprende la necedad diaria del que no ve más allá de su propio ombligo. Sorprende, eso sí, algo menos, su desventura para con el prójimo. Como si en su atalaya que todo lo juzgara se sintiese cómodo.
Sorprende y a veces hasta con sorna el garrulismo propio de demasiada gente. Nadie con dos dedos de frente se puede sentir superior a nadie, pero clama al cielo la estulticia de demasiada gente. Quizá haya un porcentaje parecido de gilipollas y sabios en el mundo y vayan fluctuando, quien sabe.
Sorprende que sorprenda esperar algo de alguien. Hay gente que vive en otra galaxia.
Sorprende el que todavía haya buena gente en este condenado planeta. Sorprende que todavía haya pobreza, sorprende incluso mostrar sentimientos. Hasta ese punto ha llegado nuestro cinismo, se supone que la insensibilidad demuestra fortaleza.
Sorprende la falta de autoestima, la falta de palabras tiernas, las palabras de amor, de cariño, de afecto. Sorprende incluso que haya gente que siga esperando. Y esperando.
Sorprende todavía la ingenuidad del enamorado que se cree correspondido. Sorprende la falta de autoestima de la chica que se rebela contra el mundo por su soledad.

Solo tienen que pararse en un banco de un parque y verles pasar. Sus miedos, sus dudas.
Quizá hasta os veáis a vosotros mismos.

martes, 15 de septiembre de 2015

El gris Septiembre

"Me has alterado poniéndote a mi lado
Yo que vivía tan feliz en un tejado"

(Letra extraída de la canción "Sol de Invierno" del grupo Extremoduro)

Pues qué quieren que les diga, no sé si alterado o no, pero todo tiene un aspecto de noche, ¿no les parece? Como si Septiembre fuera un mes de eterna nocturnidad a plena luz del día, como si los grises dominaran todo, como si cada lluvia recordara que los adoquines que pisamos son una simple secuencia por la que nunca dejamos de andar.

Intentamos cuadrar todo hasta que todo salta por los aires. Mientras, hacemos cálculos. Esperar, esperar... pensar, repensar... y así, hasta que todo llega. Pero hasta que llega, ¡Lo que hay que pasar!

Ya no hay noches a la luz de las estrellas donde sentirse seguro, decimos adiós a los claros que se abrían y nos permitían soñar. El aire se vuelve plomizo y las sienes nos duelen, como si tuviéramos una incapacidad para ser felices en Septiembre.

Septiembre no es mes de melancolías, como lo es Abril, ni mucho menos de funeral, como es Noviembre. Septiembre simplemente te atropella poniendo las calles donde antes solo había caminos de tierra, te pone zapatos donde los pies andaban lozanos y sueltos, te coloca un traje para que vuelvas a recordar que la hora del recreo se acaba.

Septiembre refunfuña porque no le gusta ser el mes serio, aquel que ponga orden a tu vida. También es alegre y risueño a su modo, pero nadie le entiende. Pobre Septiembre. Le gustaría a veces ser un Agosto de amores fugares y corazones palpitantes, o un Diciembre familiar cubierto de nieve, pero él es un incomprendido necesario para que los grandes momentos de nuestra vida ocurran gracias a su aguante estoico de mes plomizo.

Septiembre me disgusta y agrada a la vez. Anticipa el otoño y trae una alegría muy distorsianada en la que me siento seguro, pero conlleva lloros de las nubes que agudizan mi tristeza.

Pero no desesperes, Septiembre. Nadie te olvida. Por algo será...

lunes, 27 de julio de 2015

Mindfulness/Nunca es tarde

Así es cómo lo vamos a hacer y así es cómo debes enfrentarte a esto. Todo lo demás, es añadido.

El despertador suena, pero tú ya estás despierto. Te vistes, desayunas y sales por la puerta de tu casa concentrado en lo que debes hacer. Caminas por la calle y eres absolutamente consciente de todo, más erguido, cabeza alta, entendiendo lo que te rodea, formando uno con el medio. Energía que fluye alrededor tuya. Inconscientemente elevas la palma de la mano y cierras el puño violentamente como si dominaras el viento que surge a tu paso.

Pero quizá... quizá lo domines.

Caminas, decíamos, pero la sensación es la misma cuando entras a un establecimiento, coges un autobús o te subes a un coche. Tu cabeza está alineada con tu corazón, te sientes sereno y tranquilo, sabiendo que tienes un propósito y una misión que cumplir: vivir.

Tienes una energía que liberar pues al mantenerla dentro de tu cuerpo se emponzoña. Y necesitas inundarlo todo. Desbordar todo lo que tienes es todo lo que puedes hacer para sentirte tú, para sentirte pleno, para poder entender quién eres y qué haces aquí, pues todo lo demás es añadido.

En ese torrente irrespirable donde tú eres el maestro que mueve los hilos, en ese caos que tú domas con la concentración y la inconsciencia necesaria para ser feliz, donde todo baila al son que tú marcas, donde nada puede hacerse sin tu consentimiento, donde todo estTALLA PUES TIENE QUE ESTALLAR PORQUE ASÍ HA DE SER Y NADIE MÁS PUEDE DECIRTE LO QUE DEBES O NO DEBES HACER, Y ASÍ SER TU PROPIO MAESTRO Y BRILLAR COMO LAS ESTRELLAS LO HACEN EN EL CIELO

POR ESO!!! Por eso...

Por esos segundos donde te recompones mientras tu mirada tiende al infinito, comisura de los labios seca, la garganta desbocada mientras el corazón palpita. Donde tu consciencia de la situación lo es todo. Donde has dicho adiós al pasado.

No merece la pena odiar lo sucedido, no merece la pena llevar fardos pesados a la espalda en forma de desengaño o desprecio. Tú eres más que todo eso, más que todos esos. Adiós a los armazones que constituían tu existencia, limpia el óxido de tus huesos, vuelve a ser quien se supone que eras.

Nunca es tarde para empezar de nuevo.
Nunca es tarde para decir lo siento.
Nunca es tarde para sentirse vivo.
Nunca es tarde para saber, si se sabe, que todo tiene sentido.

Bloom-Withno

sábado, 25 de julio de 2015

El niño que llevas dentro

"Somos el tiempo que nos queda, la vieja búsqueda, la nueva prueba.
Yo tampoco sé vivir, estoy improvisando"
(letra extraída de la canción "Vivir para contarlo" del grupo "Violadores del Verso")

Es complicado intentar llegar a entender por qué somos como somos. Qué nos mueve a hacer, o en algunos casos, a no hacer, según qué cosas. Tomar conciencia es un ejercicio tan exhausto como no obrar en consecuencia.
Por dónde empezar, por dónde intentar encontrar un discurso coherente que articule una sucesión de palabras. Cómo decir algo que merezca la pena decir. De todo eso es lo que se supone que uno debe escribir cuando aporrea el teclado.
Con el tiempo, uno traduce su rabia en incorformismo y nunca olvida al niño que lleva dentro (cómo pudiera, si con solo verse reflejado lo nota en cada espejo) y lo alimenta de recuerdos y sueños por hacer.
Pero hay gente que ha olvidado a sus niños, gente que tiene a angelicales personitas olvidadas en el más oscuro rincón de su alma por miedo a que les hagan daño, ignorando que justamente es eso lo que ellos hacen.
No existe nada bueno en pretender ser lo que no se es. Madurar no es ponerse corazas, eso no es cierto. Madurar es saber encontrar la virtud sin perder la perspectiva, nunca relegando a un segundo plano una fuerza de la naturaleza que llevas dentro.
Tu niño gordo quiere comer y debes alimentarle.
Puede que sean gordos, famélicos, feas, bonitas, con cicatrices en las muñecas, tuertos, cojos, o como quieran que sean, pero forman parte de ti y debes hacerlos brotar de tu interior. No existe fealdad en una sonrisa noble, ni el más profundo miedo en el puro odio. Hay que mirarlos como al enemigo que se planta ante ti y con respeto sabes que se merece ser tu igual, pues es casi una parte de ti.
En este mundo lleno de ruido y prisas donde cada uno secuencia su vida en función de la programación que toca hoy es casi ridículo pararse a pensar, reír, o incluso llorar. Y eso, es muy triste.
Dejen a sus niños salir, déjenles jugar. Olviden sus corazas, abran la puerta y permitan que la vida reciba lo que todos vosotros lleváis dentro, con vuestros miedos, vuestros anhelos, vuestra confianza.
Permítanles salir.
Sean niños.
Y olviden la brea del día a día.
Haganlo. Ya.
Salgan.
Mañana será tarde.

Bloom-Withno

jueves, 11 de junio de 2015

El hombre que vas a ser

"Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada"
 (Timo Cruz en "Coach Carter")

"Madre de, esposa de, imagen ajena, espejo que proyecta mi invisibilidad. Voy gritar ¡MUJER! voy a vivir por mi misma"
 (Letra extraída de la canción "Línea de Fuga" del grupo Hechos contra el decoro)

Hay momentos que se tornan cruciales en tu vida y es algo que no puedes explicar con palabras pero que notas en tu cuerpo. La energía fluye aquellos días en los que notas que el momento llega, que la vida, por extraña que parezca, te ofrece oportunidades que debes saber ver. Esa capacidad de abrirse a lo desconocido con el corazón y la cabeza limpias, con la curiosidad por bandera y sin miedo a lo que pueda venir es lo que te permite avanzar, como hace millones de años permitió a seres humanos vivir en cuevas, buscar asentamientos o descubrir el fuego.

Pero la mayoría de las veces tú mismo te boicoteas tus propias oportunidades. Qué digo, salvo contadas excepciones, siempre eres tú el que pone trabas a tus sueños. Por la sencilla razón de que no crees que puedas alcanzarlos, que tu seguridad se tambalea cuando no eres consciente justamente que tu seguridad consiste en no estar seguro nunca.

Eres la fuerza proteica del Universo, te lo dije una vez, y hoy te lo repito. Eres la luz que alimenta estrellas y no al revés. Eres poderoso, un guerrero que debe alimentar su alma para que pueda expresarse de todas las maneras posibles.

Pero tienes miedo, lógico. Solo aceptando que el miedo solo es un obstáculo que tú mismo te has impuesto, que tu energía debe fluir en todas las direcciones y caminos, llenando de vitalidad todo lo que toca, cuando descubres que la felicidad está en los pasos que recorres mientras buscas la felicidad, entonces es cuando empiezas a vivir.

Tienes miedo a convertirte en lo que puedes ser hasta que, cojones, dejas de tener miedo. Y una silueta aparece en tu cabeza, proyectando el hombre en el que te vas a convertir. La excitación crece, las pulsaciones se agitan, la emoción se desborda. Sabes quien puedes ser y, ahora sí, sabes lo que quieres ser.

El mundo se prepara para un hombre nuevo. Un hombre capaz de ser más completo y más sabio en el camino que le toca andar. Un hombre con una fuerza tal que ni la naturaleza podrá frenarlo.

Lo tienes en ti.
Siempre lo has tenido en tí.
Aliméntalo.
Deja que el guerrero
salga

Bloom-Withno

lunes, 1 de junio de 2015

Una musa en mi cabeza

Uno siempre tiene una musa en la cabeza a la que escribe. Esto lo sabían los griegos, y antes de los griegos los corintios, y antes de los corintios los egipcios y cualquier otro ser que no pueda reprimir las ganas de escribir.

Escribir mientras sangras, apretando los dientes y los puños, pelándote la piel de los nudillos en cada letra que estrujas contra el tejado, hundiendo la falange hasta que todo chirría, pues no hay otra forma de escribir. Escribir a lo crudo, escribir a lo seco. Como un viento cortante, como una navaja de afeitar en el que cada lijazo por el cuello es un tiro al aire.

Pero hay otros días en los que uno no puede ser tan intenso. Admitámoslo, ser "demasiado intenso" borra de un plumazo el concepto de intensidad y eso además satura a cualquiera que se pare por la calle a hablar con uno. No, la gente no quiere gente intensa. A veces, alguna gente no quiere ni gente.

Otros días es mucho más entretenido jugar con el lenguaje, modificarlo, retorcerlo, darle mil vueltas hasta que nuevas palabras flotan, surgen y brillan en todo su esplendor, como cuando un niño pequeño sonríe mientras tiene un juguete en su mano y el sol saluda a su paso. Una tierna manera de recordar el calor de los que están vivos y a los que el futuro pertenece.

En realidad todo es cuestión de colores. Solo tienes que elegir uno. ¿Quieres ser un negro que inunde todo, quizá un rojo tan incandescente que te hiera solo con verlo? ¿Qué eres? ¿Quién quieres ser? Puedes ser todos o ninguno, pero siempre habrá uno que te identifique. Tener un azul bonito que transmita calma allá por donde vayas o un morado que nunca olvida lo puta que es la vida. Quizá un verde que llene de vida todo lo que te rodea, qué se yo. Colores...

No se puede tener siempre pena por todo ni alegría en cada gesto, pero puedes intentarlo. Puedes remover cielo y tierra pensando en qué sucederá mañana y solo lo sabrás a ciencia cierta hasta que lo hagas. Puedes engañar a todos menos a ti mismo. Puedes amar a todos menos a ti mismo también. Simplemente puedes hacerlo. Porque poder hacer es lo que te permite avanzar y ser mejor que ayer.

Amarás a hombres y mujeres y los odiarás también. Te descerrajarán el corazón con un olvido, ignorándote, desapareciendo de tu vida dejando una marca indeleble que dolerá para siempre. Pero también habrá gente que te permtirá creerte inmortal, gente buena que puebla esta tierra y a la que solo tienes que identificar. Nunca lo olvides, nunca.

La pregunta es sencilla: ¿Ahora qué? No sé vosotros, pero la sonrisa nunca abandona mi gesto... Que dure, mientras hayan musas que me guíen...

lunes, 2 de marzo de 2015

Hijos de Holden Caulfield

Caminas por la calle con la misma mirada que Neo al final de la primera película de "Matrix". Les miras, ves sus sonrisas relajadas, su despreocupación hacia lo que sucede, sus templadas vidas donde todo son dramas a peseta. Si supieran la realidad...

La realidad es que hay una proyección profunda en todo lo que pasa en el mundo que excede tu corta vista. A ti no te pesa el alma, como a mí. Tú no eres capaz de percibir y sentir todo lo que rodea este condenado mundo. No entiendes las ecuaciones que tiene esta vida tan intricanda que superpone planos y emite lecturas que tú no eres capaz de entender.
No se trata de complejidad, quizá sea solo cirugía. Un poco más de córtex prefontal ayudaría a ver lo que veo yo. O quizá no, quizá serías igual de incapaz, con tu autómata vida, creyendo que eres libre para elegir incluso los polvos que puedes echar esta noche. Como si tú fueras libre de algún modo.
No sabes lo terriblemente pesado que es darte cuenta de tu falta de libertad, del jodido mundo en el que vives, de cómo duele vivir. De lo terriblemente duro que es conocerse a uno mismo, tus dudas, tus inseguridades, donde habitan las mayores ternuras que tu cuerpo puede albergar. Donde tu fragilidad se expone al roce de una llama para que todo salte por los aires, a manos ensangrentadas delante de un teclado que escupe sin parar palabras sinceras.
Es un horror conocerse tanto, sentirse siempre. Como un fardo pesado que cargar durante toda la vida, como esas pequeñas piedras que los muertos prematuros llevan en la margen oeste de la Laguna Estigia a lo largo de toda la eternidad. Un agujero que tu alma no puede rellenar ni con la mayor de las drogas, una pesarosa pero inocua gravilla que atonta tu cerebro y satura tus conexiones neuronales.

Uno ya no se pregunta dónde volarán los patos en invierno, pero es terriblemente duro saber que siempre serás el guardián entre el centeno. El eslabón necesario para que todo funcione bien y vuestro mundo continúe. Donde la gloria está reservada para otros, donde nadie premiará tu esfuerzo por encontrar el equilibrio. Como el pueblo que resiste al duro invierno en Asgard, tu sacrificio nunca será recompensado.

Lo triste de todo esto es que él no pide recompensa. ¿Cómo debiera, si solo hace lo que tiene que hacer? ¿Qué recompensa hay en hacer las cosas bien? ¿Por qué esperar nada de nadie por el simple hecho de hacer lo que toca?

Otro día más el sol alumbrará su cara y él continuará con su habitual tarea de mantenimiento y orden, donde todo debe estar en su lugar oportuno para que las demás personas puedan continuar con sus vidas. Todos quisimos ser Jay Gatsby y muchos acabaron en Gregorio Samsa. Quién, en su sano juicio, querría ser Holden Caulfield...

Bloom-Withno

sábado, 7 de febrero de 2015

La Pena

"Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?"

(Estrofa extraída del poema "Romance de la pena negra", de Federico García Lorca)

La pena hay que sudarla, como la gripe. Esto es así. Tanto, que tiene la capacidad de agarrarse a ti y no soltarte nunca.
Porque la pena te llega y te invade, te cubre y se nutre de ti, aspira cada ínfima bocanada de aire que llega a tus pulmones y lo inunda todo. Tus párpados caen, tus reflejos menguan, tus costillas crujen, tienes la boca pastosa y la comisura de los labios siempre llena de un jugo pastoso que te emboba.
Tu cuerpo se hincha y deforma, te cuesta caminar erguido, te cuesta respirar con facilidad, te cuesta encontrar algo a lo que aferrarte en tu futilidad. La pena mata. Y eso es peligroso.
Pero hemos dicho que la pena hay que sudarla. Y nada mejor que pasarla cubierto de buenas intenciones, de mantas llenas de propósitos y determinaciones, de sábanas de alegría y optimismo, de pastillas surtidas de introspección y sonrisa. De que la pena, como todo, se pasa.
Escucha todas las señales de la pena, familiarízate con ella. Así será todo mucho más fácil cuando quieras desembarazarte al ver que simplemente es una pequeña telilla que cubre tu cuerpo como una catarata formada en el ojo. Un simple y leve visillo que se despega y permite ver tu propia realidad.

La pena te engaña, te miente y te calienta. Busca el acomodo en ti, anida en tus más profundos deseos y los desbasta por dentro. Una muerte dulce en el abandono. Una perversa muerte en el abandono.
Hay que decir no a la pena. Hay que comprender sus registros y saber que mañana todo puede cambiar. Que una pena es solo eso, una pena. Que la pena, como pena solo es pasajera. Que no hay mal que cien años dure, y que la pena, como la gripe, hay que sudarla. Que es una pena que por la pena tengas que tener pena.

Bloom-Withno

viernes, 16 de enero de 2015

Tú no lo entiendes

En noches como estas (porque escribir de noche es ESCRIBIR) es cuando uno no sabe qué decir, puesto que hay poco que decir. Decir a quién, decir el qué. Probablemente tú esto no lo entiendas, igual que yo no entiendo muchas cosas.
De hecho, se entienden mejor las cosas cuanto menos se entienden. Porque hay cosas que no hace falta entenderlas. Hay cosas que se saben.
Hay gestos, susurros, miradas, besos que denotan un todo. Si eres capaz de descifrar todo eso, sabrás que no hace falta entender mucho para entenderlo todo.
Me encuentro en mitad de una habitación rodeado de gente y solo puedo concentrarme en mis pensamientos, abstraído de todo lo que me rodea, pensando en si esto es así o asá, en si tú, o yo, o vete a saber quién podrá esta noche ser un poco más feliz. Al cabo de un rato la sala está vacía y sigo pensando en si todo podrá seguir siendo todo y cuántas veces más nada seguirá siendo nada.
Termostato. Toda pieza debe estar en su lugar adecuado, todo debe encajar. Funcionalidad. Cada cosa tiene su misión en la vida.
¿Y tú, tú tienes misión? ¿Qué haces aquí? ¿A qué has venido? Siempre puedes responder que quieres hacer esto o lo otro, y acabar la frase con un "tú no lo entiendes" aprendido cuando alguien te dice no con la cabeza. Es verdad, hay cosas que no entiendo.
Pero tú, ¿tú qué entiendes? ¿Qué sabes tú? Cómo es posible que mientras respires seas incapaz de entender nada sin importarte, abandonando tu cuerpo a una absurda y futil motilidad que hace de ti poco más que un vegetal.  Ni más sabio, ni mejor.
Tu vida es una estrella fugaz donde todo pasó sin saber cómo. Tu barriga creció desorbitadamente mientras tus minutos diarios se consumían. Tu belleza mutó en fealdad una mañana de enero. Tu vida se fue, si es que acaso lo que tuviste pudo llamarse vida.
¿Entiendes lo que es el miedo? La sensación que recorre tu espina dorsal, la sensación de perder, de derrota. ¿Entiendes lo que es el amor? Amor que te duele y te revienta por dentro, amor por el que darías tu vida, pues no hay otro tipo de amor. No, tú no lo entiendes, qué vas a entender.
¿Entiendes lo que significa la alegría? ¿Has notado vibrar todas las células de tu cuerpo a la vez sin más corazón que tus entrañas?
Siempre habrá gente que te dirá "tú no lo entiendes", siempre habrá. Ójala no lo entendiera, maldita sea. Ójala pudiera caminar por esta vida sin ser consciente de absolutamente todo lo concerniente a sentimientos poderosos alejados del día a día. Ójala pudiera ser ignorante y feliz. Pero claro, tú no lo entiendes. ¿Qué vas a entender?

Bloom-Withno

jueves, 25 de diciembre de 2014

Cuento de Navidad 2014

El viento asolaba todo a su paso, imperial, como de costumbre. Los caballos tiraban del carro con una fuerza desmedida, luchando contra el invisible viento. Encima de él, nuestro héroe sujetaba las riendas y no permitía ni un momento de descanso a los equinos. Tenía que llegar a palacio.
*****
En el pueblo, nuestro chico se afanaba en su tarea, que era poco menos que apartar el estiércol de la carretera. En su escaso tiempo libre, nuestro chico se permitía fantasear con bellas fiestas, hogares donde nunca faltara un buen trozo de leña en la chimenea, el cálido abrazo de un amigo, un perfume de mujer y abundante comida en los platos. Eso imaginaba y plasmaba en trozos de papel, lienzos o alguna que otra ensoñación.
*****
Ella se mesaba los cabellos en su habitación, delante de un magnífico espejo. Su sonrisa delataba felicidad, iba a ser el centro de atención en su cumpleaños y todo el reino iba a apreciar su pálido color de piel, sus movimientos gráciles, su educación y buenas maneras. Mesó su pelo negro hasta la extenuación, todo tenía que quedar perfecto. Era su gran día.
*****
En el pueblo, nuestra chica deambulaba con la escoba barriendo la calle y cantando al mismo tiempo. Una preciosa niña soñadora con pecas y pelo castaño que se movía grácil entre el viento que parecía no molestarle. Su falda jugueteaba con los remolinos, bailando una danza privada a la que nadie más podía acceder. Su vida llenaba todo.

Acto 1: Nuestro héroe llegó a palacio a tiempo para poder asistir al cumpleaños. Ella, solemne y serena, era educada con todos. Echó algún vistazo al gentío presente y consiguió advertir una cabellera rubia que le llamó la atención. Era apuesto, sin duda, podría ser incluso todo un héroe. Quedó prendada de él. En una de las ventanas del fondo, un pequeño chico retrataba la escena en un papel, ansiando entrar dentro de la sala y no tener que morir de frío en el exterior, con ese viento rondando el palacio. Mientras, una chica soñaba en una fiesta como la que se estaba produciendo en los salones reales, desde la pequeña habitación que tenía. Bailaba con hombres imaginarios, cantaba canciones y hasta podía imaginar el olor de las flores en el salón.

Acto 2: Nuestro héroe, apuesto entre los apuestos, fue el favorito desde el principio para ella. Quedaron para citarse al día siguiente. Al salir de palacio, nuestro héroe se topó con nuestro chico. Vio sus dibujos, le parecieron interesantes. Con buenas maneras le pidió que estuviera presente para poder dibujar a nuestro héroe con la mujer que acababa de conocer. Nuestro chico se volvió loco de alegría, iba a tener una oportunidad de mostrar su talento. Marchó corriendo a casa para prepararse a conciencia. Mientras, nuestra chica miraba a las estrellas desde su cama, soñando con ser la mujer de un apuesto héroe.

Acto 3: Nuestro héroe se alojó en uno de los modestos hostales que había en el pueblo. Al salir de su habitación al día siguiente tropezó con nuestra chica, a la que, educadamente, pidió disculpas por tal torpeza. Ella se ruborizó y salió de allí con el corazón en la mano, el pecho vibrándole como nunca. Su héroe estaba allí. Decidió seguirle, aún a costa de la reprimenda que iba a tener si le pillaban en semejante dejadez de sus ocupaciones. En el sendero posterior a palacio, vio a nuestro chico armado con papeles y pinturas. Nuestro héroe le saludó al tiempo que se aproximaba, en un caballo blanco digno de cualquier cuento, ella. Él le tendió la mano y delicadamente la posó en el suelo. Estaban listos. Nuestro chico les retrató con una precisión increíble, y parecía que ambos estaban hechos el uno para el otro.

Acto 4: Ella y nuestro héroe se fundieron en un beso cuando el sol se ponía, e hicieron el amor con la ternura que solo un cuento podía tener. Ella sintió que estaban destinados. Mientras, nuestro chico caminaba a su casa cuando se cruzó con nuestra chica. Intercambiaron miradas, pero ella no advirtió lo mismo que con nuestro héroe. Nuestro chico sonrió y continuó su camino. No olvidó su rostro y lo dibujó para poder mostrárselo al día siguiente.

Acto 5: Nuestro héroe salió de la alcoba de palacio sin hacer ruido y se dirigió a su habitación. Se cruzó en el camino con nuestra chica, que le miraba con amor desmedido. Al minuto, le escuchó decir: "Preparen mi carruaje". Nuestro héroe se iba, no se sabe bien por qué razón. Ella se desesperó, intentó pensar en cómo ser visible a ese apuesto hombre, acostumbrado a jóvenes doncellas. Mientras, nuestro chico no podía olvidar el rostro de nuestra chica. Se había enamorado.

Acto 6: Ella se despertó y notó la cama fría. Él se había ido. Comenzó a llorar, no comprendía nada. "¿Por qué son los hombres así?" se preguntaba una y otra vez. Mientras, nuestro chico fue de camino a entregar el retrato a palacio. Ella le recibió y al ver el papel entró en cólera primero y llanto después. Se rindió a la evidencia y no paraba de preguntar a nuestro chico por qué los hombres eran así con ella. Él no paraba de mirarle sin entender nada. Él no era así. Mientras, nuestra chica hacía todo lo posible para que nuestro héroe se fijara en ella. Fingió un choque fortuito. Las buenas maneras desapacieron y nuestro héroe vio el amor de nuestra chica en el rostro. Él se rió y abandonó el hostal.

Acto 7: Nuestro chico llevaba en la mano el otro retrato, el de nuestra chica. Se dirigió al hostal y se la encontró distinta. Él puso todo el énfasis en demostrar que era digno de ella, que si ella le dejaba podía amarla como se merecía. Nuestra chica vio el retrato, maravilloso y sincero. Esbozó una sonrisa, la misma sonrisa con la que, una vez entregado el papel en su mano, despidió a nuestro chico. Continuó, retrato en mano, recordando a nuestro héroe mientras nuestro chico veía como se alejaba por el pasillo.

Acto 8: Ella lloraba en palacio. Nuestro héroe salía de otra alcoba. Nuestra chica recibía anónimamente retratos con su rostro cada día. Nuestro chico no paraba de dibujar y sabía que podía conseguir el amor de nuestra chica.

Acto 9: Ella dejó de llorar y consiguió convivir con un hombre que no era ni apuesto ni héroe. Nuestro héroe salía de otra alcoba. Nuestro chico recibió una visita de nuestra chica. Estaba allí, por fin, delante de él de nuevo. Ella le dijo que dejara de mandarle retratos y desapareció enfurecida, pensando todavía en nuestro héroe.

Acto 10: Nuestro chico está en su alcoba y piensa en que quizá debería ser un héroe. Nuestra chica solloza por no encontrar a alguien que la quiera como ella merece. En palacio, ella soporta a un hombre que no quiere. Mientras, nuestro héroe sale de otra alcoba.

Feliz Navidad

Bloom-Withno


viernes, 14 de noviembre de 2014

Me encantaría decirte

Las noches lluviosas, las alcobas calientes, el olor de una taza de café, un buen sorbo caliente que te recorre el alma. Una caricia sincera envueltos en una manta. Me encantaría decirte que todo eso pasó.
Pero no, nunca pasó. Ni pasará. Al menos, contigo. Y cada año que pasa es un rencor que nace y muere apagándose en los rescoldos de lo que nunca ocurrió, otro anillo más en este árbol viejo al que de cada rama le salen cicatrices. Un árbol que no se parte y crece orgulloso. Me encantaría decirte tantas cosas.
Y te las diré. Te diré cómo soy feliz en mi soledad, cómo cuando la gente busca abrigo en la cama o sale a buscar abrigo en la cama de otro yo soy feliz con mis pensamientos. Música de fondo, papel en blanco, sonrisa frente al ordenador, paz interior.
Me encantaría decirte cómo resisto al duro otoño, que atrae sombras sin piedad, cómo el invierno castiga cada buen recuerdo, cómo renazco en una primavera que no da respiro y cómo el verano ignora y olvida lo que recuerda al caer las hojas.
Me encantaría sentirme completamente bien aún sabiendo que eso es imposible. Me encantaría que todo te doliera, aunque luego reflexiono y pienso que no es para tanto, que no mereces nada y yo en cambio merezco todo.
Me encantaría decirte todas las cosas que te vas a perder porque un día decidiste girar tus ojos hacia otro lado y desaparecer de mi vida. Pero es posible que no las merezcas. Hace tiempo que sé que me debo a mí mismo.
Hace tiempo que no te busco en los rincones, ni siquiera en los más profundos de mi pensamiento puedo recordar tu cara, tus ojos, tu sonrisa. Todo se desvaneció.
Mientras todo eso pasa, yo soy feliz con muy poquita cosa. Como ahora. Como nunca.

lunes, 20 de octubre de 2014

Cosas que diría con solo mirarte

"Tú haces que quiera ser mejor persona"- Melvin Udall en "Mejor Imposible"

Cosas que diría con solo mirarte. 1 de 3.

- Te quiero tanto que me duele
- Daría mi vida por ti
- Eres, sin lugar a dudas, lo mejor que me ha pasado en la vida
- Irradias luz
- Contigo todo tiene sentido
- Tu sonrisa me hace sentir bien
- Mataría por un beso tuyo
-  Me complementas
- Eres una persona excepcional
- Te amo

"La vida es lo que te sucede mientras estás ocupado haciendo otros planes"- John Lennon en su canción "Beautiful Boy"


Cosas que diría con solo mirarte. 2 de 3

- Monótono.
- ¿Tienes sangre en las venas?
- Lo que digas no me importa
- Podrías hablar durante horas y seguiría sin escucharte
- Te dejaste la personalidad en el útero materno
- ¿Cómo te llamabas?
- Solo me aportas indiferencia.
- Me molestan tus sollozos para conseguir cosas.
- Este sol de justicia y tu palabrería inútil
- Me aburres

Te deseo todo el dolor del mundo Martín... Te deseo un dolor tan intenso y tan profundo que no lo puedas soportar... Que no te mate, que te mantenga vivo muchos años y no te abandone nunca."- Dante en "Martin (hache)"

Cosas que diría con solo mirarte 3 de 3

- Tu madre perdió mucha placenta en tu parto
-¿Tus padres son primos? ¿Tienes cola de cerdo?
- No habrá un solo rincón donde puedas esconderte, miserable
- Despídete de todo aquello que hayas amado
- Vas a suplicar clemencia
- Tus gritos son música en mis oídos. Grita, grita más fuerte. ¡GRITA!
- Aún no he acabado contigo. Lo que te espera, es peor que el infierno
- Dime qué se siente cuando has perdido todo
- Recuerda esta noche, recuerda todo. Recuerda tu alegría. Todo eso se esfumará de un plumazo.
- Sonríe, ya estás muerto.


Bloom-Withno




domingo, 5 de octubre de 2014

Un otoño en Madrid

Madrid es una ciudad con más de un millón de esquinas donde te atraviesan el corazón sin misericordia cuando caen las primeras hojas de otoño. Un asesino silencioso recorre las calles oliendo sangre y no duda en salir a por sus víctimas.
No es París, ni Roma, donde el invierno esconde una cara mortífera entre esas grandes catedrales, donde cada mirada de cada estatua te aniquila inmisericorde. No. Madrid no espera al invierno, y es mucho más mortífera.

Porque Madrid, en otoño, inspira melancolía, ternura, e incluso hasta un punto de felicidad. Llegan las primeras lluvias, el olor a tierra mojada, la lenta letanía de los transeúntes que recorren sus calles, el olor a café recién molido, el de los paseos con las hojas cayendo. Una trampa mortal.

Uno puede quedarse perfectamente atrapado en Madrid, en su tela mágica, esa red tejida por una araña poderosa que no te suelta y te recuerda una y otra vez tu estado de ánimo. Madrid puede ser una ciudad muy puta si quiere.

Más si eres extranjero. Si has pisado Madrid y vienes del norte no entenderás nunca la ciudad y echarás de menos ciertas actitudes. Si eres del sur, nunca entenderás la capacidad de morir y nacer cada noche que tiene Madrid.

Llego a casa calado hasta el tuétano por una lluvia improvisada, una de las muchas que mi cuerpo sufre cada vez que paseo por este bendito lugar del mundo que conecta perfectamente con mi ánimo: el otoño en Madrid, donde todo se tuerce y se mira en diagonal. Una perspectiva perfecta para mí.

Sonrío porque sé dónde estoy y lo que la ciudad me exige, demanda de mí nada más y nada menos que mi vida, mi consumo de energía necesario para que ella pueda traquetear sin problemas, despidiendo carbón y humos tóxicos para sentirse viva.

Sí, Madrid es una ciudad muy puta en otoño. Pero a mí me encanta.
No se acerquen a Madrid si no están preparados.
En cada esquina
En cada una de ellas
Descansa un asesino.

No lo olviden

Bloom-Withno

jueves, 24 de abril de 2014

Volar

"Agarrado un momento a la cola del viento me siento mejor
Me olvidé de poner en el suelo los pies
Y me siento mejor"
(Letra extraída de la canción "Dulce Introducción al Caos" del grupo Extremoduro)

Hay ciertas sensaciones que notas y sabes que están ahí. No hace falta ni explicarlas. Están ahí. Agazapadas, inquietas, fluctuando cuando menos lo esperas. Energías positivas y negativas en las noches de tormenta eléctrica o cuando la lluvia te golpea en el rostro, impidiéndote mirar hacia arriba. La vida es implacable cuando se pone seria.
Es en esos momentos, en esas grietas donde todo lo negro es todavía más oscuro donde divisas la luz más clara que puedas apreciar en tu vida. Pequeñas sensaciones que te dicen lo que está bien y lo que está mal. Pretender explicarlo es imposible, se sabe o no se sabe.
Somos lo que somos y nunca lo que pretendemos ser, almas impostadas en busca de cariño y consuelo, pisoteados como hormigas cuando la Providencia quiere. Es esta crueldad, tan inhóspita e insensible la que te hace tomar conciencia de tu propia existencia. La vida atisba crueldades inimaginables.
Pero ante ello se te abre un horizonte donde un diminuto resquicio asoma. Y te agarras a él, tiras de él. Consigues que tu paleta de colores impregne todo, relegando el negro a solo un recuerdo. Pero sabes que nunca puedes bajar la guardia. Nunca podrás descansar, debes estar alerta.
Cuando te enfrentas a eso, cuando ves tu realidad, cuando aprendes lo que es respirar cada maldito minuto de esta vida tuya, es cuando el corazón se te agranda, los ojos ven más y mejor, toda tu alma se siente dichosa por haber entendido cosas.
Esas cosas que has entendido las sabes, no se pueden explicar. Como cuando abandonas un lugar al que nunca volverás. Eso se sabe.
Las cosas importantes son las que arrastran sentimientos, éxtasis y lloros a partes iguales, toda una grandilocuencia que nos hace sentir vivos y que nosotros reprimimos, orgullosos y estultos como somos.
Pero cuando no cejamos en nuestro empeño, cuando abandonamos las cadenas que no nos permiten ser quien somos, cuando seguimos la estela de una estrella que nos eleva hacia otro lugar, cuando eso pasa ...
Cuando eso pasa...

miércoles, 16 de abril de 2014

Sólo quizá

Quisiera poder contarte. Quisiera, a ser posible, pensarte. Dibujarte, describirte. Poner tu sonrisa en el papel de mi alma y así perderme entre hilos invisibles que atan mi corazón a tu risa. Quisiera ser tu boca, la boca que junto con mi boca provoca que llueva alegría del cielo. Quisiera tocarte, mirarte y mimarte. Como nadie lo ha hecho, como nunca te han hecho.
También querría poder besarte, entrelazarte y abrazarte para fundirnos y ser uno.
Podría ser. Podría...
O quizá pudiera mirarte. Como miran los que no se conocen, con una indiferencia impensable. Escrutarte, camuflarme. Poner tu sonrisa en un boli sin tinta para que no dibuje mi alma. Encontrarme hilos perfectamente ordenados en mi corazón. Podría querer ser tu boca para observarte, desde la distancia, para consolarte.
También podría querer besarte, o quizá, sólo quizá...
Podría querer matarte. Quisiera, a ser posible, explotarte. Masacrarte, humillarte. Poner tu sonrisa en un cenicero convertido en mi alma y asi con mis hilos invisibles, ahogarte mientras río. Quisiera ser tu boca para descerrajarla, la boca que provoca que llueva bilis del cielo. Quisiera tocarte, hundirte y despreciarte.
También querría besarte. O quizá, sólo quizá...